Una de las mayores vergüenzas de los juicios de Nuremberg fue, sin duda, el suicidio de quien era el segundo de Hitler y comandante de la Luftwaffe, Hermann Göring, luego de que los jueces de los países aliados determinaran que debía ser llevado a la horca como castigo por los crímenes cometidos durante el régimen criminal Nazi.

Görin, al parecer con la ayuda de un soldado norteamericano que era su gendarme, logró colar a su celda una cápsula de cianuro, escondida en un pote de crema para la piel. Minutos después de conocer el veredicto, introdujo el veneno en su boca. A los pocos minutos, empezó a circular por el mundo entero la fotografía de su cuerpo inerte.

Aquel suicidio fue una bofetada a las víctimas de Göring que esperaban que se cumpliera la sentencia impuesta por el tribunal internacional que juzgó sus crímenes.

La condena, además de ser un castigo para quien la recibe, es una medida de reparación para las víctimas. Quien la evade, ya sea fugándose o suicidándose –que al fin de cuentas es una forma de evasión-, está burlándose no solo de la justicia, sino de sus víctimas.

Desde el mismo instante en que por un orden de un juez fue capturado el narcotraficante y cabecilla de la banda terrorista de las Farc, alias Jesús Sántrich, este peligroso delincuente empezó una huelga de hambre.

El objetivo: morir para no enfrentar los delicados cargos que pesan en su contra, en una corte de los Estados Unidos.

El Estado tiene la obligación de impedir que ese terrorista muera por inanición. Él debe sobrevivir para responderles a las víctimas de las Farc. A los secuestrados, a los familiares de los desparecidos. A los empresarios cuyas compañías fueron incendiadas, a los niños humildes que fueron reclutados forzosamente, a las mujeres que esclavizó sexualmente y obligó a abortar. Son tantos los delitos cometidos por Sántrich, que son pocos los tipos penales contemplados en el código que no hayan sido violados por él.

Claro que ese delincuente debe ser extraditado para que pague en los Estados Unidos por los delitos que cometió en ese país y una vez cumpla la pena, tendrá que regresar a Colombia a pagar por todos los crímenes que cometió en su condición de cabecilla de las Farc.

Por el bien de sus víctimas, en Colombia y en los Estados Unidos, el Estado colombiano está obligado a evitar que Sántrich se quite la vida a través de la huelga de hambre que declaró el día de su captura.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 10 de 2018