Si el número de participantes en las caravanas y marchas realizadas el pasado 21 de septiembre en el territorio nacional, según el reporte de las autoridades fue de 4.800 personas aproximadamente, varias son las conclusiones que se pueden sacar.

En primer lugar, que los colombianos ya no están dispuestos a obedecer como borregos a esos “dirigentes políticos” que desde sus escritorios los incitan a salir a las calles a protestar por cualquier cosa, para terminar luego en carne de cañón de una caterva delincuentes que se adueñaron de ese tipo de eventos con el fin de sembrar el caos, situación de la que ellos se sirven para cosechar réditos políticos futuros.

Que el vehemente llamado hecho por el tal Comité nacional de Paro (integrado por centrales obreras, sindicatos y ciertos movimientos estudiantiles), no fue atendido.
Menos aún, la invitación que hiciera el del Nobel desde el exterior donde reside, en un evento internacional y, en inglés, para acabar de ajustar, en el que exhortó a “los jóvenes a salir a las calles a exigir la implementación del proceso de paz”.

Quiere decir que los colombianos ya “no comen cuento”, como vulgarmente decimos, porque no les queda la menor duda de que detrás de esos llamados a protestar, a reivindicar derechos, se esconde un perverso andamiaje político orquestado por los grupos narcoterroristas y la extrema izquierda nacional e internacional, que tienen como propósito socavar al máximo la estabilidad del gobierno para facilitar la toma del poder en el futuro inmediato.

En segundo lugar, podría decirse que la sensatez del pueblo que resolvió marginarse de participar en esa convocatoria estuvo por encima de la del Gobierno, que no ha debido permitirla después de los gravísimos hechos ocurridos recientemente, máxime, teniendo la confirmación de las autoridades competentes, de que células urbanas de los narcoterroristas del ELN, y de las FARC, con el concurso de otros grupos delincuenciales, son los que desde el año pasado se han encargado de utilizar esos eventos para convertir, ciertas zonas de las principales ciudades, en verdaderos campos de batalla que han dejado cientos de lesionados y generado inmenso detrimento en los bienes públicos y privados.

Que los 49. 995.200 colombianos que no participamos, estamos dispuestos a hacer respetar, no solamente, nuestras instituciones (a pesar de que hay quienes con su mal comportamiento desdicen de ellas), sino también, nuestro patrimonio. Que si es menester, estamos dispuestos a enfrentarnos con los malhechores, como ya quedó demostrado por estos días, cuando cientos de ciudadanos se atrevieron a proteger no solamente algunos de los Centros de Atención Inmediata de la Policía (CAI), que días antes habían sido reconstruidos por ellos mismos, sino también, algunas zonas comerciales.

Queda claro, entonces, que la inmensa mayoría de colombianos no vamos a dejarnos arrebatar lo que con tanto esfuerzo hemos conseguido.

Hago, entonces, un llamado a aquellos verdaderos líderes para que inviten al encuentro, a la armonía, a ver cómo unidos logramos reactivar la economía, cómo recuperamos esos puestos de trabajo perdidos por la pandemia. Ahora más que nunca necesitamos zanjar diferencias y construír.

No más, estamos ¡hastiados de violencia!

@cdetoro

Publicado: septiembre 26 de 2020