Los Juegos Olímpicos son un bálsamo para el alma. El mundo entero compitiendo para lograr la tan anhelada medalla, en equipo, individual, jugando limpio, con gran compañerismo y solidaridad entre todos. Luchar por ser el mejor dentro de un ambiente amable y alegre a pesar de las tensiones que lleva competir. 

Mucho tiempo recorre un deportista para poder participar en unos olímpicos, Tiempo dedicado a ese solo objetivo. Lograr clasificar. Días, meses, años de arduo entrenamiento, dietas, sacrificio en muchas actividades cotidianas de la vida, ausencias en fechas especiales, estar lejos de la familia, todo para llegar a estas máximas justas del deporte. Es tan métodico el ciclo olímpico que antes de empezar los juegos, ya se tiene el cálculo de las medallas por deportista y por país. Generalmente sucede lo planeado, aunque se dan sorpresas. 

Siempre pienso que si los habitantes de un país tuviéramos esa disciplina, ese amor, ese compromiso con los resultados que tiene un deportista, todo sería muy distinto. 

Competir lleva consigo muchas enseñanzas además de lograr llegar. Saber ganar o saber perder, ser justo con el contrario, siempre jugar limpio, sin trampas, la persistencia, la corrección permanente de errores que hacen más difícil lograr los resultados esperados, controlar las emociones ante contrarios, respeto por entrenadores, obediencia, unión, solidaridad, capacidad de resolver problemas rápidamente, manejo de la frustración, manejo de las situaciones de crisis, manejo de la excelencia, trabajo en equipo, orgullo patrio, la responsabilidad de llevar el uniforme, de portar la bandera, cuerpo sano por consiguiente mente sana. 

¿Se imaginan que Colombia tuviera permanentemente estos principios en su cotidianidad, en cada uno de nosotros?  Seríamos un país mucho más equitativo y desarrollado porque las ganas de ser mejor cada día llevan sin duda a lograr resultados. Tendríamos el valor desvalijarnos permanentemente para corregir y ser mejores ciudadanos. La pertenencia y sentirse orgulloso con lo que uno es, tanto individualmente y como país, hace una sociedad más feliz, con objetivos alcanzables y duraderos. 

El autoestima hace parte del éxito que tenga una persona y un país. No solo la baja hace daño sino la excesiva. Un deportista por disciplina sabe que en el deporte como en la vida, se gana o se pierde, y siempre hay que seguir adelante. Qué una caída no es el fin del mundo, que perder no es acabar con los demás y con él mismo. Igual debe pasar en un país, mantener el equilibrio, estar en mejoramiento continuo con respeto y juego limpio, siempre con todos los seres humanos. 

Me fascina ver los Juegos Olímpicos, ese esfuerzo máximo de cuerpo y mente por lograr una meta. Esa perfecta combinación de órganos y músculos del cuerpo, así como esos altos niveles de concentración según el deporte practicado es muy apasionante. Asi como las personas somos distintas, los deportes sí que lo son y en cada deporte hay categorías, según las características de cada cual.  Es el respeto y los límites por regla. 

Mi admiración infinita por nuestros deportistas, muchos surgen en medio de esa pobreza que los aplasta y que los lleva al deporte como opción para salir de pobres. Lo logran y lo hacen por encima de deportistas que han tenido todo el apoyo de su gobierno. Los nuestros son huérfanos de recursos y de gobierno. Cuando los veo con sus medallas y ese orgullo patrio siento una felicidad infinita. Demostración inequívoca, de que si se puede.

Igual pasa con un país, que maravilla si tuviéramos las ganas, la constancia, el esfuerzo y la disciplina para ser mejores. 

Anhelo los Juegos Olímpicos cuando pasan, esperarlos 4 años más para ver lo que es el ciclo de la excelencia en los seres humanos. Hagamos el esfuerzo de llevar ese ciclo de excelencia a nuestro país.

@AliciaArango