En la polémica que se dio la semana pasada entre el vicepresidente Germán Vargas Lleras y Diosdado Cabello, no deja de llamar la atención que ocurra en un momento próximo al lanzamiento de las campañas a la presidencia de Colombia;  divisa el tono en que se dará el debate electoral y vislumbra un seguro cambio frente a las relaciones internacionales, específicamente con Venezuela.

El vicepresidente Vargas Lleras, llamó “venecos” a los venezolanos, al decir que no estaban incluidos en los programas de vivienda que lidera la vicepresidencia de Colombia. Posteriormente expresó que no pediría disculpas.  A mi modo de ver, la apreciación fue espontánea y descomedida quizás, pero no insultante.

Esa declaración de Vargas Lleras causó la reacción del diputado Diosdado Cabello, quien llamó al vicepresidente Colombiano, varias veces, “hijo del gran puto”. A lo que Vargas Lleras respondió, diciéndole que es un “patán opresor”.

La Canciller María Ángela Holguín, intervino solo para responderle al vicepresidente Colombiano, cuando él señaló a la Cancillería de haberlo abandonado, que prefería mantenerse al margen.

Posteriormente Santos intervino, buscando saldar diferencias entre su vicepresidente y su canciller, reprobando el lenguaje de Vargas Lleras y llamándole la atención al recordarle sus funciones.

Varias cosas llaman la atención con lo sucedido, y no deja de sorprender la obsecuencia de la Cancillería, y del gobierno de Santos, con los tratos indignos del chavismo a los colombianos.

Nuevamente, se observa la división interna en el gobierno, que si bien Santos, busca en este caso finalizar, deja ver de nuevo fisuras internas tan radicales, que indican, no solo que no ha habido equipo de gobierno, sino directores de áreas, en donde no dialogan, ni trabajan entre sí,  sino en sus propias causas.

Adicionalmente, la situación reafirma como el gobierno ha sido excesivamente complaciente con el gobierno de Maduro, en contra de los colombianos.

Los reiterados cierres de la frontera colombo – venezolana, han afectado la cotidianidad económica y social de las personas que allí se encuentran, y atención, no solo la de los colombianos sino también la de los venezolanos, y en ello, el gobierno de Santos ha sido absolutamente pasivo.  El cierre de la frontera ha sido uno de los principales factores de contexto que ha incrementado sustancialmente la crisis alimentaria en el departamento de La Guajira y en donde familias enteras, han sido perjudicadas y los niños como lo vemos a diario y por varios años consecutivos, las principales víctimas.

La Cancillería ha pasado de agache en esta situación, pero no por ello deja de tener su responsabilidad en la crisis de la situación de los colombianos que viven en la zona de la frontera con Venezuela.

La diplomacia indica que es mejor evitar los pleitos con los vecinos, pero guardar permanentemente silencio frente a los atropellos, ya es una insensibilidad y falta de consideración con los colombianos.

Como están las cosas, el tema de las relaciones con el chavismo, será uno de los temas relevantes en la campaña electoral que se inicia en Colombia, y no será fácil conociendo las maneras y los modos como acostumbran a expresarse y a actuar, pero lo que sí es claro es que la estrategia de ¨hagámonos pasito¨ que ha aplicado la Cancillería colombiana,  tendrá que ajustarse. Es mejor poner de presente la diferencia para llegar a posibles acuerdos y puentes, que el silencio indulgente.

@ForerohElvira

Publicado: febrero 6 de 2017