Es fundamental que el candidato uribista sea respaldado por todos los sectores y matices ideológicos que hacen parte del CD.

Empieza a despejarse el panorama para la designación del candidato presidencial del Centro Democrático. El día que llegó el Papa Francisco a Colombia, la bancada del partido del presidente Uribe sostuvo una extensa reunión en un hotel al occidente de la capital colombiana, en la que se tomaron decisiones respecto del futuro político del uribismo, de cara a las elecciones de congreso y presidencia del año entrante.

Las primera conclusión a la que llegó la dirigencia uribista fue la de cerrar la puerta para la inscripción de más precandidatos presidenciales. El partido, estuvo esperando hasta último minuto al exgobernador Luis Alfredo Ramos y a Óscar Iván Zuluaga.

A Ramos, la corte suprema de justicia aún no le ha definido su suerte, en el cuestionado proceso por parapolítica que se adelanta en su contra en dicho tribunal. Probado está que el doctor Ramos fue víctima de un montaje ideado por dirigentes de la izquierda, afines al grupo terrorista de las Farc y en el que participaron unos falsos testigos.

A pesar de las protuberantes irregularidades en la investigación contra Ramos, la corte suprema no ha querido emitir la sentencia absolutoria, poniendo en evidencia el elevado nivel de politización del máximo tribunal jurisdiccional de nuestro país.

El caso de Óscar Iván Zuluaga es mucho más complejo, pues el excandidato presidencial está involucrado en el entramado de corrupción de Odebrecht, compañía que pagó la suma de $1.6 millones de dólares para cubrir parte de los honorarios de su publicista, el estratega brasilero, Eduardo Duda Mendonça.

Así las cosas, el Centro Democrático deberá designar a su aspirante presidencial de la baraja de 5 que están inscritos: Carlos Holmes Trujillo –quien puntea en todas las encuestas de opinión-, Iván Duque, María del Rosario Guerra, Paloma Valencia y Rafael Nieto Loaiza.

El mecanismo será el consenso. Los propios precandidatos tendrán que decidir quién será el que llegue a la primera vuelta del año entrante, enarbolando las banderas uribistas.

Es evidente que para lograr dicho consenso, deberá presentarse una suerte de guiño por parte del presidente Uribe. Es posible que dicho guiño no sea directo y se repita la fórmula de 2013, cuando competían Francisco Santos, Zuluaga y Carlos Holmes Trujillo. La escogencia del candidato se llevó a cabo en una convención a la que Zuluaga llegó con la bendición de Uribe. Así lo entendieron los convencionistas que procedieron en consecuencia y votaron mayoritariamente por quien fuera ministro de Hacienda en el segundo gobierno de Uribe.

Respaldo al ganador

La coyuntura política actual no permite que haya espacios para disidencias ni indisciplinas. Es natural que los militantes del uribismo sientan simpatías por uno u otro precandidato, pero debe existir la suficiente conciencia y madurez política para respetar la decisión que se adopte y sea quien sea el elegido, goce del respaldo cerrado de la base partidista y de la dirigencia del CD.

Las circunstancias actuales de Colombia, obligan a que el uribismo gane las elecciones presidenciales del año entrante, con el respaldo de los sectores que integraron la coalición que se impuso en la votación del plebiscito del 2 de octubre del año pasado. Corresponde entonces que una vez surja el nombre del candidato, este sea asumido como la persona “que dijo Uribe” y en consecuencia sea respaldado por todos los sectores y matices ideológicos que hacen parte del Centro Democrático.

El uribismo tiene todo en sus manos para imponerse en las elecciones parlamentarias del año entrante y para llevar a su candidato a la Casa de Nariño; ello sólo puede materializarse si la base uribista cierra filas entorno a sus candidatos al congreso y a la presidencia de la República.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 18 de 2017