José Obdulio Gaviria se refiere a la investigación que le abrió la corte suprema por supuestos vínculos con los paramilitares.

 

LOS IRREVERENTES Resulta curioso que ahora que el NO ha ganado, la reacción de la Corte Suprema sea la de investigarlo por supuestos vínculos con los paramilitares, cuando todos los que lo conocen a usted saben de su verticalidad contra el crimen organizado. ¿Estamos frente a un nuevo caso de una justicia que actúa como directorio político de oposición al uribismo?

JOSÉ OBDULIO GAVIRIA. No y sí. Me explico. Un miembro de la cúpula paramilitar declaró hace años ante Justicia y Paz -creo que fue en 2012 o 13-, que por allá en 2003, los negociadores paramilitares estaban inconformes con Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado de Paz, y querían mandarle, al respecto, un mensaje al presidente. Que ese personaje (el declarante) se ofreció a contactar al asesor presidencial (yo) porque un amigo suyo me conocía y que lo atendí a él y al amigo común en el hall del hotel Tequendama. Que oída la queja, yo le dije que en la Casa de Nariño el funcionario competente para negociar con ellos era Restrepo, quien contaba con la absoluta confianza del presidente. Igualmente narró que alguna propiedad que yo adquirí en 1998 en Copacabana (Ant.) había sido objeto de persecución por parte de los paramilitares y que le habían exigido cierta suma de dinero (por vía de extorsión) a varios de los propietarios anteriores a mi. Dijo que a mí me habían citado pero que no fui.

L I. Usted nos acaba de contar los hechos, pero no respondió mi pregunta. Le insisto en la misma.

J O G. Le contra pregunto a usted. ¿Cree que semejante declaración sobre hechos de 2003, narrados por el paramilitar en 2012, ameritaban abrir una investigación contra un senador de la República, por auto que se dictó el 26 de agosto de 2016, en el mismo momento en que ese senador era ponente de la ley de plebiscito y uno de los principales voceros del NO?

L I. Por lo menos parecería algo extemporáneo.

J O G. Al contrario. Yo siento que fue muy procedente si lo que se busca es incidir en la política. Para nadie es un secreto que estoy entre los cuatro o cinco más activos objetores de todo el proceso de negociación Santos-Farc. Recuerde que fui el ponente en el Senado de la ley estatutaria y que hasta una revista tan hostil a mí como Semana reseñó como un trabajo respetable intelectualmente. Y viene alguien, ahora, cuatro días antes de que se dictara el decreto convocando al plebiscito (que es del 30 de agosto), a meterme a mí en semejante zaperoco. Por lo menos, siendo un poquito suspicaz, a quien se le haya ocurrido el asunto, sí quería distraerme o sacarme del rin plebiscitario. Callarme, para decirlo de forma más directa. No lo consiguió. Al contrario, trabajé con más ganas, con más elocuencia, con más capacidad investigativa.

L I. Usted me dice que fue “alguien”. ¿Quién es ese “alguien”?

J O G. Me choca mucho ese señor Perdomo que anda metido en todas las intrigas. Por esos días del auto, días más, días menos, apareció el sujeto ternado por la Corte Suprema como candidato a procurador. Una coincidencia muy chocante. Me choca mucho también ese senador Cepeda. Siempre que habla me ofrece un auto de detención. Por eso lo llamo “el acriminador”. Para él todos somos truhanes, menos sus amigos de las Farc.  La última vez, hace unos tres meses, Cepeda me anticipó que me iba a hacer meter a la cárcel por “paramilitar”. Muy cansón eso. Muy cansona esa coincidencia.

L I. ¿Podría decirse que esos son indicios graves de quién estaría orquestando la persecución en su contra, para usar la jerga de ustedes los abogados?

J O G. Claro. Si el investigador se adentra en mi vida en 2003, año en que atendí esa reunión, como atendí centenares, habría descubierto que ese año, además de escribir múltiples documentos para información y lectura del presidente, atendí casi diariamente a los medios de comunicación, escribí dos libros (uno publicado ese año y otro en 2004) y me batí como un león en programas de opinión, auditorios universitarios y círculos intelectuales. ¡Siempre dan urticaria las intrigas del tal Perdomo y el tal Cepeda -si fueron de ellos-, para meterme a militar en un expediente como “paramilitar”!

L I. Quiero insisitirle: ¿Está la justicia nuevamente militando contra el uribismo?

J O G. Me aseguran que no. Que esa Sala Penal de Ramírez, Ibáñez y compañía es cosa del pasado. Que la actual Sala obra, actúa en derecho. Por eso le he hecho caso a mis abogados Jesús Albeiro Yépez e Iván Cancino y me he quedado callado. Vamos a ver.

L I. A usted lo han tratado de acriminar de todas las formas posibles y no han podido. Ahora escarban en la caduca “parapolítica” para intentar enredarlo con unos delincuentes con los que jamás ha tenido vínculo alguno. ¿Cómo detener esa sucia práctica de acabar con el rival político a través de la justicia?

J O G. Después de Álvaro Uribe, que es el San Francisco de la paciencia, yo creo ser la persona más investigada, su vida más hurgada, sus conversaciones más oídas (subrepticia y dolosamente), sus declaraciones más analizadas y denunciadas por los colectivos por calumnia, por injuria, por incitación al crimen y por mil etcéteras. Y hasta, ¡oiga usted!, los contratos con universidades más escudriñados son los míos. Que lo sigan haciendo, no tengo reparos. Pero yo creo que se les está yendo la mano. ¿Puede creer que la semana pasada hubo todo un operativo judicial en otra ciudad, para preguntarle a un gatillero de los paramilitares cuáles eran sus relaciones conmigo? ¿Puede creer que van a pagar una movilización a USA para indagar por mí a Don Berna, por mis “actividades criminales con el paramilitarismo” como lo anticipó el senador Cepeda? El señor les va a decir lo mismo que les dijo el gatillero, que nada de nada. ¡Hombre! Si lo único que pudiera atarme a mí a los paramilitares era que mis columnas en El Mundo las publicaban ellos en su portal (a las malas, porque nunca los autoricé). ¿Sabe al lado de las de quien? De las de Juan Manuel Santos. La única diferencia era que mis columnas sí las escribía yo.

Ahora, usted me pregunta cómo “parar esas sucias prácticas” judiciales. ¡Ni idea! Yo no veo nada que hacer. Yo soy el botón de muestra. Pero le aseguro que esas prácticas no solo dañan a la víctima, en este caso yo, sino a la propia justicia.

L I. El país aún recuerda la valerosa oposición liderada por usted durante el gobierno del Presidente Uribe cuando denunció el vulgar maridaje de algunos miembros de la Corte Suprema con capos de la mafia. ¿Esta investigación en su contra no es una cuenta de cobro por sus férreas denuncias que terminaron recogidas en ese estupendo libro intitulado “Parapolítica, verdades y mentiras”?

J O G. Puede que sí, puede que no. Le insisto que la actual Sala Penal no tiene un solo miembro de aquellos que protagonizan el libro al que usted se refiere. Y le agradezco el elogio implícito en su pregunta.

@IrreverentesCol