La nación y la clase política nuestra, sobre todo la bogotana, no están acostumbradas a que les hablen claro, en un idioma directo y sin ambages. García Márquez ponía en boca de Bolívar en “El General en su Laberinto”; que los andinos usan más el idioma para esconder que para decir cosas, en un dialecto ladino y peligroso (tal vez se refería a Francisco de Paula Santander).

Por eso cuando Alicia Arango, la ministra del Interior habla los diferentes temas que le conciernen a su investidura, produce revuelo. Sencillamente  porque a la gente no se le dicen las cosas como deber ser: directa y al grano. La ministra como ser caribe por excelencia que es, usa un idioma franco, abierto y frentero y no el que nos tiene acostumbrado sobre todo el periodismo bogotano lleno de perífrasis y tergiversaciones.

Tanto ha sido la manipulación del idioma que ha producido una mutación semiológica y semántica al idioma español, convirtiendo cosas inaceptables en aparentemente aceptables a los oídos del quien las escucha. Por ejemplo el secuestro ya no es un secuestro, es una retención.

Yo no quería decirlo pero los periodistas andinos tienen el país en ascuas. Ellos al mando de Santos Calderón dividieron tanto a la nación que existen dos idiomas para hablar de cualquier tema. Entonces cuando la ministra habla produce urticaria porque los pone a ver la verdadera dimensión de las cosas y no lo que el periodismo y la clase política andina quiere que veamos.

La ministra destruye sin pretender hacerlo esa sutileza típica de interiorano para llamar las cosas con otro nombre. Pero lo peligroso de esa postura anfibológica y llena de ambigüedades es la de utilizarla para atacar al gobierno del presidente Duque, uno de los mejores como tenía tiempo no se vivía. Se podría decir que ha vuelto la decencia a gobernarnos. La decencia de hablar claro y preciso sin sutilezas y ambigüedades.

Los interioranos y todos en general se habían acostumbrado a vivir en la incertidumbre de utilizar mal el idioma para beneficio de unos pocos o de una postura ideológica. Me atrevería a decir que el problema no radica en las diferencias como tal sino en el mal uso del lenguaje, ese que se usa más para esconder que para decir las cosas con claridad meridiana, así como lo hace la ministra Arango.

Recuerdo que los ministros del interior de antaño no tenían mayores cosas que lidiar a pesar que la violencia política ha sido el plato de todas los días. Pero todo cambio cuando el idioma español convirtió en legal lo ilegal y lo ilegal en legal, quisiera saber que dice la Real Academia de la Lengua en España, cuando algunos colombianos deciden llamar al secuestro una retención. Por eso el país necesita de personas y funcionarios que hablen claro sin equívocos en un idioma directo sin ambages como el que usa la ministra Arango o como el que usaba Fabio Echeverri Correa.

@rodrigueztorice

Publicado: marzo 19 de 2020