Cada cuatro años el mundo hace una pausa para vivir la fiesta más grande del fútbol, esta vez la cita fue en Rusia, treinta y dos selecciones se clasificaron para jugar este torneo. La selección colombiana llegó con la ilusión de hacer historia y dejar una huella indeleble, para que los nuevos jugadores continúen por el camino tan anhelado de lograr una copa mundial.

Sin duda el fútbol, el deporte más importante, despierta grandes emociones en quienes lo siguen, pero esto no sólo sucede cuando un hincha alienta a su club, se vive incluso en mayores proporciones cuando una persona siente el orgullo por ver jugar al seleccionado de su país.

Nuestro equipo empezó este mundial con el píe izquierdo, el primer partido lo perdimos contra un rival al que hacia cuatro años habíamos vencido sin mucha dificultad basados en un despliegue de talento por parte del cuadro nacional. Pero corajudos como es el verdadero estilo de los colombianos, salimos al segundo encuentro y en una brillante actuación logramos una contundente victoria.

La clasificación del combinado patrio se cargo de suspenso, si bien dependía del resultado que esta misma obtuviese en el próximo partido, se dice que en un mundial no hay equipo chico y así se evidenció en el juego contra Senegal, al que tan sólo pudimos ganarle por la mínima diferencia.

Una vez clasificados a octavos de final el equipo que nos correspondió enfrentar fue la selección inglesa, el antecedente de veinte años atrás en el mundial de Francia 98 nos alentaba la ilusión de revancha y ser esta vez nosotros quienes saliéramos festejando ante los ingleses. Lamentablemente no fue así, en esta ocasión perdimos nuevamente.

Pero sin el propósito de autocontentarnos y servir de consuelo propio, podemos decir que las sabias palabras del histórico técnico Maturana hoy recobran total vigencia: “perder es ganar”, estas fue la frase que inmortalizó al entonces técnico de la selecciono colombiana; dichas palabras se adaptan a la ocasión, vimos como el país se unía una vez más en torno a once jugadores que dentro de una cancha se batieron como leones para colocar en alto el tricolor patrio.

El país detuvo su marcha vacilante para concentrarse en las gambetas de Cuadrado, la majestuosidad con la que James acaricia la pelota, la alegría de ver al tigre Falcao hacer un gol en el mundial, la confianza de tener a Ospina bajo el arco y sin duda deleitarnos con la alegría y el talento del hombre de Guachené: Yerry Mina.

Por la labor de todo el seleccionado colombiano tan sólo nos queda decir: ¡gracias! Y lo muy orgullosos que nos sentimos de ser colombianos.

@MiguelCetinaC

Publicado: julio 4 de 2018