Esta semana el país se estremeció con la historia de horror que vivió la actriz Eileen Moreno en Ciudad de México el día que su novio Alejandro García Manrique la golpeó hasta desfigurarla. Las lesiones que recibió fueron tan severas que le tuvieron que insertar piezas de titanio para reconstruirle el pómulo que le reventó de un puño. En el mismo apartamento donde ocurrió la golpiza vivía el manager de ambos, Gabriel Blanco. Eileen le pidió ayuda pero según su relato, él se limitó a decirle que se acostara un rato – como si acostarse sanara ese tipo de heridas -. Después de que le falló su manager ella acudió al portero del edificio que en vez de ayudarla llamó al novio que la acaba de maltratar para informarle que ella ya estaba llamando a la policía. Cuando el portero también le falla, Eileen siente un alivio cuando llega la policía solo para caer en cuenta que ellos tampoco tenían ninguna intención de ayudarla. Le preguntaron que si estaba segura que quería denunciar al novio, porque, según ellos las mujeres denuncian y después dejan eso así. Además lo más descorazonador  es que cuando ella les pide que la lleven a la clínica, ello se rehusan con el argumento de que eran sólo eran unos moretones. 

Eileen se fue a la clínica en un taxi sola después de que las personas llamadas a cuidarla le fallaron. Su novio la golpeó, su manager se desentendió, el portero la volvió a poner en peligro y los policías cuyo trabajo es proteger, la desprotegieron. El único que no le falló ese día fue el taxista pero porque ella le pagó justo antes de desvanecerse en los brazos del portero de la clínica. 

La historia de Eileen es la historia de millones de mujeres en el mundo con la única diferencia de que el porcentaje de mujeres que deciden contar su historia es bajo. La mayoría de mujeres prefieren callar porque el abuso físico de una pareja además de producir temor produce una profunda vergüenza. Yo me incluyo dentro de ese grupo de mujeres que nunca he contado mi historia. Y quiero agradecer la valentía de Eileen porque así como a mi me inspiró a deshacerme de esa historia que carcome el alma, estoy segura que inspirará a millones de mujeres a no quedarse calladas. 

Mi historia ocurrió hace casi cuatro años, yo estaba casada en segundas nupcias con un hombre muy conocido en Barranquilla. Por razones que se escapan a mi comprensión el estado de ánimo de ese hombre cada vez era más extraño. Sus arranques de violencia eran repentinos e injustificables. Me rompía mis pertenencias sin ninguna provocación. Recuerdo un día que entré al baño y me encontré con mi plancha de pelo destrozada en varios pedazos en la caneca de basura. Otro día resolvió encerrarse en el estudio del apartamento y no lo volví a ver durante dos semanas. No se a qué horas salía a alimentarse pero a veces yo le ponía un plato de comida al lado de la puerta para ver si le veía la cara. De todo, lo que más terror me causaba era su mirada de odio. Yo no podía entender como esa persona que yo amé tanto se había convertido en tal monstruo. Recuerdo alguna vez buscar en google que cuales eran las señales de que su marido la podía matar. 

El día que ocurrieron los hechos yo iba de salida muy temprano porque una prima de la misma edad de mi hija me pidió que fuera su madrina de confirmación en el Colegio Marymount. Yo me senté en la sala del apartamento a esperar a que mi tía y mi prima pasaran por mí. Él llegó de hacer ejercicio y cuando pasó al lado de la sala recuerdo decirle que deberíamos hablar. Francamente pensé que me iba a mirar con cara de bicho inmundo y me iba a ignorar, pero mi sorpresa fue total cuando se abalanzó sobre mí. Yo grité y mi temor pasó a terror cuando caí en cuenta que mi hija, que en ese momento tenía 18 años, todavía no se había ido al colegio. Sentí cuando ella se le abalanzó para quitármelo de encima, entonces, le pedí a ella que se quitara (yo temía por su integridad física) y le dije que abriera la puerta y le gritara al celador que llamara a la policía. También le dije entre gritos de desesperación que llamara a mi padre. Por fortuna hizo eso, porque los celadores aun sabiendo lo que estaba ocurriendo, y a pesar de los gritos que provenían del apartamento, no se atrevieron a subir. La policía llegó, – como todo cobarde – él se encerró en el cuarto para que no se lo llevaran. Eventualmente lo convencieron de salir y me preguntaron que si estaba segura que quería denunciarlo. Mi respuesta fue un rotundo SÍ. A pesar de que medicina legal me decretó 15 días de incapacidad por los golpes y ordenó terapia psicológica tanto para mi como para mi hija, la ley me desamparó. La fiscalía lo único que recomendó fue que conciliara porque tienen tantos procesos que no dan a basto. Yo les hice caso porque en ese momento no tenía fuerzas para pelear. 

Mi vida hoy es otra y aunque no les niego, he llorado escribiendo esto, soy una mujer mucho más fuerte. 

@ANIABELLO_R

Publicado: septiembre 13 de 2018