Tuve la grata oportunidad de vivir en Ecuador durante ocho años. Cuando llegué en el 2002 el presidente era Gustavo Noboa, un señor bonachón con pinta de gnomo del Polo Norte que terminó su período en el 2003. Ese año se posesionó el ex coronel Lucio Gutiérrez, el mismo que había liderado en 1999 un levantamiento que provocó la caída del entonces presidente Jamil Mahuad.

Rápidamente Gutiérrez se vio envuelto en escándalos de corrupción incluyendo acusaciones de que el ejército había negociado armas con las Farc. Dos años después de su posesión y ante las incesantes acusaciones de corrupción, Gutiérrez comenzó a tomar visos de dictador al limitar la libertad de prensa y al atacar verbalmente a los opositores llamándolos forajidos. Es así como nació la “Rebelión de los Forajidos”. Prácticamente todos los carros que circulaban por el país tenía una vistosa calcomanía que decía Soy Forajido. Se empezaron a convocar marchas en Guayaquil lideradas por el alcalde Jaime Nebot y en Quito por el alcalde Paco Moncayo. Sin embargo, la gente no se limitaba a manifestarse de manera organizada, casi todos los días se hacían manifestaciones espontáneas sin ningún líder visible, nacidas del profundo descontento que albergaba el pueblo ecuatoriano. En respuesta a estas manifestaciones Gutiérrez organizó una serie de contramarchas con el propósito de dar la impresión de que aún contaba con el respaldo del pueblo.

Pero el descontento crecía y se manifestaba en detalles tan sencillos como que, de pronto y sin ninguna planeación previa, la gente comenzaba a pitar en sus recorridos normales por la ciudad. Lucio, viendo su presidencia en peligro y respaldado por las fuerzas armadas declaró el Estado de Emergencia Nacional el 15 de abril de 2005 limitando muchas de las libertades civiles de los ecuatorianos.

Los ecuatorianos se demoraron 5 días en reaccionar porque el 20 de abril cayó Lucio. Les cuento que yo ese día sin tener idea de lo que estaba ocurriendo salí a recoger a mi madre al aeropuerto. Cuando llegué a una avenida muy importante llamada La Amazonas una persona se puso frente a mi carro, le prendió fuego a una llanta y empezó a gritar, “Fuera Lucio”. Como se podrán imaginar, yo entré en pánico – de milagro no atropellé al pobre manifestante – y seguí mi rumbo al aeropuerto a toda marcha, ahora sí, con la radio prendida para enterarme de lo que estaba sucediendo. Les cuento queridos amigos que a Lucio Gutiérrez lo tumbaron en 4 horas. Los manifestantes rodearon el Palacio de Carondelet superando la barrera de los militares que para ese momento ya se le habían volteado a Lucio. El presidente se montó al techo del Palacio donde lo estaba esperando un helicóptero negro que vi con mis propios ojos cruzar la ciudad hasta llegar al aeropuerto de Quito. Esa misma tarde el Congreso Nacional, que se encontraba reunido en la mitad del caos, destituyó a Lucio alegando abandono del cargo.

A Lucio lo sustituyó su vicepresidente Alfredo Palacio. En el 2006 se convocaron a elecciones en las cuales se enfrentaron varios candidatos en primera vuelta. Para la segunda pasaron dos, Álvaro Noboa, un multimillonario de Guayaquil que, con su poder económico había logrado llegar a la segunda vuelta con Lucio y ahora con Rafael Correa. Noboa, que no tenía ni el carácter ni la imagen ni la inteligencia para ganar la presidencia sirvió como idiota útil para, inintencionalmente, ayudar a elegir a dos nefastos presidentes para Ecuador.

Sobre papeles Correa no parecía un mal candidato, es más tengo amigas que votaron por él convencidas de que sería buen presidente. Tan pronto Correa se posesionó comenzó a mostrar sus colores. Pero el día que se destapó completamente fue cuando Colombia bombardeó el campamento en el cual se le dio de baja al terrorista Raúl Reyes. Su primera reacción fue extraña, se veía desconcertado. Después ese mismo día hizo una segunda alocución en la cual se veía transformado e iracundo. En ese momento supe que recibía instrucciones de Venezuela. Se dispuso entonces a cercenar las relaciones diplomáticas con Colombia, expulsó al Embajador Carlos José Holguín y comenzó su período autoritario. Siguiendo el manual Habanero, limitó la libertad de prensa y polarizó a la sociedad.

Once años después de posesionarse como presidente Rafael Correa les deja de legado a los ecuatorianos a su vicepresidente Lenin Moreno, el cual no sabemos si fue o no elegido ya que las pruebas de fraude electoral parecen ser contundentes. Y a nosotros los colombianos nos deja la lección de lo que sucede cuando un simpatizante del modelo castro chavista sube al poder. De ahí no lo baja ni Mandrake.

@ANIABELLO_R

Publicado: abril 7 de 2017