Santos, por hacer la paz con 5 mil forajidos, declaró la guerra a más de la mitad de los colombianos.

Lo que se ha hecho en Colombia se llama golpe de Estado. No hizo falta que los tanques de guerra salieran a las calles, ni que los soldados se tomaran por asalto los medios de comunicación (a cambio de eso eso, el periodismo está generosamente embadurnado de mermelada), ni que se anunciara una censura abierta (los grandes medios se convirtieron en cajas de resonancia de la ofician de prensa de la Casa de Nariño).

A través de unas mayorías formales que no representan a las mayorías reales se violentó de manera agresiva la decisión soberana del pueblo que el 2 de octubre mayoritariamente le dijo NO a los acuerdos Santos-Timochenko.

La Corte Constitucional, que debe ser la guardiana de la institucionalidad, se rindió a los pies del régimen. Se vendió cobardemente y desconoció un resultado democrático. (Sobre este caso, puede leer “Los mercaderes”)

Santos está utilizando el Nobel de Paz que le compró al gobierno de Noruega para hacer “lo que le dé la gana”. Impuso ilegalmente el acuerdo, lo hizo ratificar ilegalmente en el Congreso y finalmente obligó a la Corte a fallar ilegalmente para efectos de implementar el fast track.

La democracia colombiana quedó hecha jirones. Mentirosamente se ha dicho que el precio que la sociedad debía pagar para alcanzar la paz era el de conceder 10 curules en el Congreso a la guerrilla. No. El costo que hemos asumido ha sido el de la democracia.

Durante 5 décadas las Farc intentaron con sus fusiles, su dinamita, sus extorsiones, sus masacres y desplazamientos forzados acabar con régimen democrático y no lo lograron. Santos les hizo el favor. El Congreso de Colombia ya no será el encargado de ejercer control político del Ejecutivo ni cumplirá con su deber de deliberar frente a los proyectos de ley que son presentados por el Gobierno. En adelante será un notario silente que se concentrará en votar favorablemente las leyes que se le ordene aprobar desde la Casa de Nariño sin decir una palabra y sin cuestionar una letra de los textos presentados.

Aquello hace que nuestro sistema en adelante sea un remedo de democracia.

Lo preocupante es que quienes apoyan agresivamente las arbitrariedades del gobierno lo hacen pensando en su beneficio personal. Son congresistas seducidos y sobornados con dinero del erario. A punta de puestos, contratos y adjudicaciones multimillonarias aquellos que deben representar al pueblo se convirtieron en los sepultureros de la legalidad.

Santos, por hacer la paz con 5 mil forajidos le ha declarado la guerra a más de la mitad de los ciudadanos colombianos que han sido respetuosos y cumplidores de las reglas de juego que impone la democracia.

El presidente se queja de la polarización del país, mostrándose como una víctima de la oposición. Es él quien se ha encargado de fracturar a la sociedad. Es él quien ha violentado el resultado de una votación. Es él quien ha corrompido a todos los poderes públicos. Empezó comprando al congreso para configurar una coalición y continuó chantajeando a los magistrados de la Corte Constitucional para que le pusieran un manto de fingida legalidad a sus arbitrariedades.

En menos de 2 años, Santos dejará el poder, seguramente se irá del país a gozar de su premio Nobel, pues el repudio nacional no le permitirá hacerlo en Colombia. Y nosotros nos quedaremos con el problema, con su democracia vuelta pedazos, con sus instituciones en ruinas y con las Farc persiguiendo a todos los ciudadanos que han tenido la valentía de enfrentarlos desde la institucionalidad, a través del aparato judicial que será creado a la medida de sus exigencias.

Nuestra legalidad ha quedado en cuidados intensivos. Las decisiones de Santos es una herida profunda que amenazan con acabar para siempre con nuestra democracia. Y esa realidad se convierte en un mandato para que los líderes de la oposición hagan una reflexión profunda y asuman la situación con la seriedad que corresponde, para plantear una solución profunda que sea implementada a partir del 7 de agosto de 2018.

@IrreverentesCol