El gobierno de transición planteado por el extraditable terrorista, alias Timochenko es el abrebocas de una dictadura socialista en Colombia.

Durante la puesta en escena de la firma del supuesto nuevo acuerdo de paz, el jefe terrorista alias Timochenko pronunció un discurso en el que habló de la necesidad de elegir un gobierno de transición “cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento cabal de los acuerdos de La Habana”.

El mensaje del extraditable jefe de las Farc es claro y contundente: la guerrilla negoció bajo el presupuesto de que en 2018 hará parte de un gobierno que ratifique todas y cada una de las prebendas que les ofrecieron los negociadores de Santos en la isla de los hermanos Castro.

Colombia ya fue notificada de que la democracia importa muy poco. El plebiscito del 2 de octubre fue abusivamente desconocido por el gobierno nacional. Santos juró que ratificaría popularmente los acuerdos diciendo que “los colombianos tienen la última palabra”.

Como se dio cuenta que el pueblo lo desprecia, muerto de miedo por la paliza que recibirá en las urnas, pisoteó la democracia colombiana enviando al Congreso el acuerdo para efectos de que éste, aunque no tiene competencia para hacerlo, lo ratifique. (Puede leer “Santos: no le tema al pueblo”).

Entonces, ¿hay seguridad de que se vaya a respetar el resultado electoral de 2018 si lo que está pactado es el establecimiento de un gobierno de transición?

La oposición tiene todo para ganar. El país que no le camina a los pactos de Santos y las Farc mayoritariamente votará en contra de la continuidad. Ese mismo país que contra todo pronóstico votó por el NO en el plebiscito, con más ahínco y con mayor convicción se apresta a votar por la oposición en 2018. La duda cada vez más grande hace referencia al acatamiento que de la voluntad popular haga el gobierno de Santos.

¿Si desconoció abusivamente el plebiscito del 2 de octubre, no va a hacer lo mismo de cara a las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2018?

Ese “gobierno de transición” que menciona alias Timochenko tiene un angustiante parecido con el modelo de gobierno provisional que se conformó en Rusia después de la abdicación del Zar Nicolás. El caos y la inestabilidad política que propició la caída de la autocracia Romanov se convirtieron en la autopista por la que los bolcheviques accedieron al poder.

Preocupa que el gobierno, clandestinamente, le haya asegurado a la guerrilla que facilitará el gobierno de transición para que, como consecuencia del seguro fracaso del mismo, las Farc puedan tomarse el poder político nacional.

Si el extraditable Timochenko habla públicamente del gobierno de transición es porque no se trata de una fantasía sino de una realidad.

Santos le usurpó a 6.5 millones de colombianos la victoria en el plebiscito. Frente a aquello no hay nada que hacer. Ahora, corresponde poner la mirada en el año 2018. Pelear porque la coalición Santos-Farc respeten el resultado democrático e impedir a toda costa la consumación de la trampa electoral que empezó cocinarse desde el mismo instante en que Santos y el capo alias Timochenko firmaron el así llamado “nuevo” acuerdo de paz.

Permitir el ascenso de “gobierno de transición” invocado por el cabecilla terrorista tendría como consecuencia inmediata la implantación en Colombia de un régimen socialista y antidemocrático.

@IrreverentesCol