Ideas conservadoras son las que movilizaron a millones de ciudadanos a rechazar en las urnas el acuerdo de La Habana.

La convención del Partido Conservador fue un tinglado decadente entre barras patrocinadas por senadores y representantes que recitan el libreto escrito en la Casa de Nariño y los que desean que el partido no siga siendo una carta más de la baraja del Presidente Santos.

Las majestuosas convenciones del Partido Conservador que brillaban por su orden, mística y entusiasmo, que eran encuentro refrendatorio de principios e ideas, y tribuna para oradores intelectuales, pasó a ser un evento más, de carácter obligatorio por disposición estatutaria y legal, donde los mas aventajados parlamentarios imponen sus títeres en el Directorio Nacional para seguir feriando el partido al mejor postor.

Sentí nostalgia y tristeza al presenciar la gazapera en la que terminó la convención conservadora. Los miles de convencionistas que asistieron por convicción y vocación fueron maltratados por los organizadores que prefirieron el desorden, la anarquía y el ruido como mecanismo para aplastar la serenidad de las ideas y el debate propositivo que alienta el renacer del conservatismo.

Álvaro Gómez, el doctrinante del conservatismo moderno, tenía razón al afirmar con sabiduría que “en Colombia hay mucho más conservatismo que partido conservador”.

Las ideas conservadoras son las que movilizaron a millones de ciudadanos a rechazar en las urnas el acuerdo de La Habana; las ideas conservadoras motivaron a millones de colombianos a tomarse las calles para impedir la imposición de la “ideología de género” que atenta contra la familia y la religión; las ideas conservadoras no aceptan la impunidad, la inseguridad jurídica que atenta contra la propiedad privada y la anarquía jurisprudencial de la Corte Constitucional que fisura la Constituciòn; la ideas conservadoras son contrarias al aborto y a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo. Las ideas conservadoras son orden, disciplina, seguridad, justicia.

David Barguil, Presidente del Partido Conservador, es un joven bien intencionado, protegido del establecimiento, pero con escaso kilometraje para conducir un partido que exige un Presidente o Jefe Natural que irradie carácter y coherencia, respeto y autoridad en la dirección del partido.

Las determinaciones políticas adoptadas por el directorio y su bancada ante hechos trascendentales como el acuerdo de paz de La Habana, el plebiscito y la “refrendación” del nuevo mejor acuerdo en el Congreso de la República, son contrarias, inconsultas y acéfalas con la militancia, con el conservatismo de Colombia. Estos errores que vienen siendo reiterativos han permitió la migración de sus integrantes a otros partidos que ofrecen liderazgos y vocerías serias, sintonizadas con el sentimiento conservador y el querer de la sociedad.

Afortunadamente los resultados electorales a nivel mundial y local indican que los ciudadanos están eligiendo las ideas conservadoras para que los gobierne.

Las elecciones del 2018 serán la oportunidad histórica para realizar el plebiscito final contra la imposición antidemocrática del acuerdo Santos-Timochenko, contra la anarquía institucional, jurídica, económica y social que padecemos. Las elecciones presidenciales serán entre la coalición que defiende la impunidad de las Farc y la coalición de las ideas conservadoras.

El éxito electoral de las ideas conservadoras dependerá de la grandeza y responsabilidad de los precandidatos de centro derecha que logren en el primer semestre del 2017 consolidar su aspiración para definir el mecanismo que escoja el candidato único que llegue a la primera vuelta electoral con altas posibilidades de ganar y evitar la ruleta de la segunda vuelta.

Tarea compleja pero necesaria, sé que pueden.

@laureanotirado