Difícil, sumamente difícil, resulta gobernar las entidades territoriales de un país en que la violencia arrecia por todos lados, la corrupción se pasea tan orondamente y los intereses politiqueros no dan tregua. 

De acuerdo con la organización político-administrativa colombiana tanto los gobernadores como los alcaldes se eligen por el llamado voto popular, el cual se dice que se tiene en cuenta para legitimar su elección y, al mismo tiempo, para darles a los electores ese derecho de participar dentro de un sistema de gobierno democrático.

Sin embargo, en esos procesos de elección se han dado graves falencias y errores debido a la manipulación política a favor o en contra de quienes hoy son gobernadores o alcaldes.

Sí. Una manipulación política que, dadas las actuales circunstancias por las que atraviesa Colombia en sus diferentes niveles, se ha acentuado y fortalecido para beneplácito y complacencia de las personas que la manejan, patrocinan y aprovechan al máximo, pero en detrimento de los propios gobernantes y de unos electores que un día creyeron que las cosas iban a cambiar.

Tanto es así que hoy en día muchos mandatarios regionales y locales se sienten “desplazados” en su condición de tales, como consecuencia a que no sólo los denominados “caciques políticos”, sino también otras fuerzas como la delincuencia organizada, llámense subversión o paramilitares, los manejan tras bambalinas y a su antojo como si se tratara de unos títeres baratos en un espectáculo de circo pobre.

Este tipo de gobernantes por más que se agrupen bajo toldas que llaman federaciones, asociaciones, o en últimas en unos simples sanedrines para, no han podido defender su autonomía de ser representantes y voceros de un pueblo.

Así las cosas, esta situación nos lleva a preguntarnos quién o quiénes son, en fin, los que hoy en día están gobernando y orientando los destinos de unos territorios, como en el caso de Bogotá, Cali, Medellín, etc., en donde a sus alcaldes, pertenecientes a partidos de izquierda o alternativos,  les ha quedao grande gobernar para salvaguardar la vida, honra y bienes de los habitantes, tras los últimos acontecimiento de desorden  público protagonizados por una serie de desadaptados sociales con el apoyo de unos supuestos dirigentes políticos conocidos comúnmente como mamertos.

A todas luces es sumamente preocupante que ello esté sucediendo en este país de contrastes.

Y lo peor de todo es que las comunidades les reclaman a los burgomaestres una y otra vez el cumplimiento de sus promesas, pero aunque ellos tengan las más buenas intenciones de hacerlo  se ven maniatados, conminados e imposibilitados de corroborar y retribuir la confianza que el pueblo depositó en ellos al elegirlos; por cuanto de inmediato aparece la mano obscura de la manipulación política, la amenaza guerrillera y de los “paras” para “insinuarles” que se abstengan de llevar a efecto la cristalización de obras y alternativas de solución a las necesidades de determinados sectores poblaciones de una respectiva jurisdicción o localidad, porque no los han autorizado ni mucho menos les han dado permiso.

Por lo tanto, los únicos desplazados de que se habla a diario y se utiliza como tema de grandes y efusivos discursos politiqueros, no son únicamente  los campesinos, indígenas y todos aquellos que se han visto obligados a buscar refugio, en medio del hambre y la miseria  (lejos de sitio en donde vivían), sino además muchos gobernantes de turno, pero con la diferencia de que éstos últimos no se exponen a las vicisitudes e inmensos problemas que genera el desplazamiento, porque por lo menos les dejan para que coman en buenos restaurantes, se alojen en hoteles cinco estrellas y viatiquen a lo que da en tejo en contraprestación por agachar la cabeza y guardar silencio.

@Soluepastas

Publicado: septiembre 16 de 2020