En medio de la locura desatada por la izquierda, ninguna institución ha quedado a salvo. El Ejército nacional, bastión de nuestra democracia y de nuestra libertad, está en la mira de los extremistas que propenden por su desmantelamiento. 

Lo que las Farc, grupo terrorista y narcotraficante no pudo hacer en el campo de batalla, lo está logrando a través de decisiones judiciales amañadas y por medio de descalificaciones y campañas de desprestigio atroces contra las FF.MM. 

Valiéndose de crímenes cometidos por un puñado de soldados, se ha empezado a recrear la tesis mentirosa de que el Ejército es una institución delincuencial. El narcoexpresidente Ernesto Samper, llegó al extremo miserable de afirmar que entre los manuales de instrucción de las Fuerzas Militares está el uso de la violencia sexual como arma de guerra. 

La estrategia para pisotear el honor de nuestra Fuerza Pública ha empezado a surtir efecto. De acuerdo con la más reciente encuesta de Gallup, las Fuerzas Militares alcanzaron el nivel de desfavorabilidad más alto desde que se realiza la medición por parte de esa firma encuestadora, hace 25 años. 

Los números son francamente desalentadores. El 48% de los encuestados tienen una opinión desfavorable de las FF.MM. Hace 4 meses, la desfavorabilidad era solamente del 13%.

Un aumento de 30 puntos, que coincide con un desplome de la imagen favorable que pasó del 85 al 48%.

Esos niveles de desaprobación son consecuencia de algunos escándalos, unos prefabricados -como los supuestos perfilamientos- y otros como consecuencias de actividades al margen de la ley como el caso de la niña indígena brutalmente violada por 7 soldados en el departamento de Risaralda. 

Igualmente, la Policía está experimentando un desprestigio significativo. El 56% de los colombianos tienen una imagen desfavorable de esa institución, mientras que el 40% la califican favorablemente.

No deja de ser angustiante que, en tiempos de pandemia, cuando el país atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia y la incertidumbre se expande por toda la nación, el país le dé la espalda a las instituciones que tienen la misión, precisamente, de mantener a la democracia y al régimen de libertades. 

Es mucho lo que Colombia le debe a sus Fuerzas Militares y a la Policía. Gracias a ellos, el narcotráfico y el terrorismo no han logrado doblegar a la sociedad. Ahora, cuando los indicadores de seguridad ciudadana observan una mejoría sustantiva, resulta injusta la ignominiosa calificación que se le está dando a nuestros hombres. 

Por unos cuantos canallas que deshonran el uniforme y pisotean la responsabilidad que les fue encomendada, no puede castigarse a instituciones integradas por cientos de miles de colombianos de bien que trabajan con abnegación, decencia e infinito amor por la Patria. 

Nuestros soldados son hombres de honor que merecen todo el reconocimiento. Conduele que la campaña de descrédito y asesinato moral que se está adelantando contra nuestra Fuerza Pública esté surtiendo los efectos que buscan aquellos que están detrás de la misma, es decir los cabecillas de la extrema izquierda liderados por Gustavo Petro. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 6 de 2020