Prudente y sensata decisión del señor presidente Duque de ordenar el despliegue del Ejército en las ciudades donde hay casos de violencia, vandalismo y terrorismo. 

En alocución presidencial, el primer mandatario aseveró que “no vamos a permitir que las vías de hecho, la destrucción de bienes públicos y privados o el mensaje de odio tengan cabida en nuestro país”.

Él, en su condición de Jefe de Estado y en consecuencia comandante supremo de las Fuerzas Militares y de policía, tiene el deber -no es un privilegio ni una prebenda- de garantizarles a todos los colombianos la vida, honra y bienes, todas ellas bajo amenaza durante estos días de vandalismo descontrolado y ordenado por sectores antidemocráticos adscritos a la banda socialcomunista comandada por el terrorista del M19 Gustavo Petro. 

“Conforme con la política marco de convivencia y seguridad ciudadana, como comandante supremo de las fuerzas armadas, la figura de asistencia militar seguirá vigente en los centros urbanos donde exista un alto riesgo para la integridad de los ciudadanos y donde se requiera emplear toda la capacidad del Estado para proteger a la población”.

A esto había que ponerle orden. La verdad es que el caos se apoderó del país. La Fuerza Pública está inmovilizada, a tal punto de que las detenciones que efectúa la policía nacional son burladas por congresistas del neocomunismo que, abrogándose funciones judiciales, ordenan la liberación de los maleantes, como es el caso del comunista caleño Alexander López, senador del Polo Democrático. 

Hay que hacer votos y confiar con que la decisión adoptada por el presidente Iván Duque no sea tardía y todavía se esté a tiempo de controlar a la gleba enardecida y violenta.

Estamos ante un caso insólito. Esto no es una protesta social ni una manifestación legítima de descontento, sino una revolución de gamines, de desadaptados, de rateros y de malhechores comandados por un partido político que es liderado por un delincuente que se forjó en las filas de la banda terrorista que servía como brazo armado del jefe del ‘Cartel de Medellín’. 

Así que la suerte de la República ha quedado, una vez más, en las manos del Ejército, esa admirable y respetada institución que ha colmado de gloria a la Patria. Serán nuestros soldados quienes se encarguen de evitar que las llamas terminen de consumir a Colombia. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 2 de 2021