Uno de los grandes desafíos a los que le hará frente el presidente Iván Duque a partir del 7 de agosto, será el de revertir la inaudita expansión del narcotráfico en nuestro país. 

Durante el gobierno del presidente Uribe, se había logrado reducir sustantivamente el número de cultivos ilícitos. Igualmente, se enfrentó sin dubitaciones a la mafia, llevando a la cárcel y extraditando a los principales capos del narcotráfico.

Santos acabó unilateralmente la guerra contra los estupefacientes. Su pacto con las Farc incluyó la suspensión de la fumigación, cuyo efecto fue letal para nuestro país: hoy, Colombia cuenta con más de 200 mil hectáreas cultivadas con coca. 

Las Farc, que son fundamentalmente un cartel de narcotraficantes, fueron indultadas y a sus cabecillas les fue asegurada la no extradición por los delitos cometidos con anterioridad a la firma del ilegítimo acuerdo celebrado en noviembre de 2016. 

Desde su campaña que lo condujo a la presidencia de la República, Iván Duque planteó que la lucha contra el narcotráfico será uno de los ejes centrales de su gobierno. Es muy diciente que menos de dos semanas después de haber ganado las elecciones, el doctor Duque y su equipo de más cercanos colaboradores hayan decidido ir a la ciudad de Washington, donde afianzaron relaciones con altos funcionarios del gobierno Trump que será, sin duda alguna, un aliado de primer nivel en la nueva era de la guerra contra las drogas ilícitas. 

Colombia no puede seguir cruzado de brazos mientras nuestro territorio se convierte en un mar de coca y nuestras costas marítimas sirven de embarcaderos para toneladas de cocaína. 

Si queremos fortalecer nuestra democracia y luchar de forma decidida contra la corrupción, es indispensable que le pongamos una talanquera al narcotráfico.

Debe retomarse la fumigación aérea, la cual fue suspendida por exigencia de las Farc. Santos se ha inventado toda suerte de argumentos para justificar su imprudente decisión de acabar con la aspersión de los cultivos ilícitos, pero nadie puede dudar que si hoy los aviones no están regando con veneno las plantaciones de coca es porque así se lo ordenaron las Farc al gobierno saliente de Juan Manuel Santos Calderón. 

El debate sobre el uso del glifosato no puede ser el que signe la lucha contra el narcotráfico. Ya sea con esa sustancia o con cualquier otra mezcla que sirva para atacar los cultivos ilícitos desde su raíz, los colombianos no podemos perder un minuto más. Nuestro deber es el de impedir que los bosques y las selvas continúen siendo reemplazados por plantaciones de coca.

Veremos entonces un maravilloso giro de 180 grados en la lucha contra las drogas. Faltan 5 semanas para que el presidente Duque se posesione. Son las 5 últimas semanas que le quedan de vida al festín mafioso que Santos permitió establecer en nuestro país. 

@MargaritaRepo

Publicado: julio 2 de 2018