Homofóbicos, fascistas, retardatarios, ortodoxos, camanduleros… en fin, fueron tantos los calificativos que utilizaron los “intelectuales”, columnistas y académicos al servicio del establecimiento bogotano, para descalificar a los miles y miles de marchantes que el pasado miércoles se tomaron las calles de las principales ciudades para rechazar el intento socarrón de la ministra de educación Gina Parody, de incorporar un manual de educación sexual donde se altera el concepto natural de hombre y mujer, con el supuesto de proteger a los estudiantes con orientación sexual diferente del matoneo en los colegios de Colombia.

Para dejar las cosas claras, la marcha no fue contra la comunidad LGTBI. La marcha fue para defender la institución ancestral de la Familia, fundamental para cualquier sociedad democrática, amenazada en los últimos años por fallos de la Corte Constitucional que en su empeño mediático y desbordando sus funciones de tutor de la Constitución Política, asumió funciones legislativas que no le corresponde para modificar el ordenamiento jurídico. La Corte Constitucional, tan cuestionada por estos días, viene articulando con sectores de opinión, ONG, y sectores de la academia afines a la izquierda, el desmoronamiento de estructuras democráticas, conquistadas a lo largo de la historia republicana en el escenario del debate legislativo y las urnas.

La negación y desautorización del presidente Santos, demuestra que el propósito de las famosas cartillas educativas para modificar el manual de convivencia en los colegios, era un propósito individual e ideológico de la ministra y de la Fundación Colombia Diversa –representante de los intereses de la comunidad LGTBI-. Ahora, el debate no puede parar ahí: con la marcha y la desautorización presidencial. El debate de la pésima educación en Colombia tiene otros pisos más serios y delicados que no son prioridad en la agenda mediática de la ministra. Es prioritario abarcar el tema de la calidad educativa: calidad que debe pasar por los profesores, por la infraestructura y por los contenidos académicos. Aquí no genera indignación, ni es discriminatorio, que 60 niños o adolescentes se les hacinen en un aula de clases con profesores mal remunerados, sin apoyos didácticos, electrónicos, sin escenarios deportivos o lúdicos, y en el peor de los casos, que para desgracia es casi siempre, con estudiantes mal alimentados.

La educación de calidad es un lujo que pocos niños tienen. Aquí el que quiera que sus hijos se eduquen con estándares internacionales y de competitividad debe pagar, y bien caro. La ministra que cacaraqueaba el tema de la educación desde que ejercía de monaguilla del presidente Uribe, viene de desacierto en desacierto en el ejercicio de sus funciones por dedicarse al oficio que más sabe hacer, agradar a los poderosos de turno. Esperemos que la soberbia y prepotencia de la ministra aguanten el duro debate que tiene en el Senado de la República desde mañana, citado por un Senador de la U, el mismo partido que avalo la diputada santandereana, la que pincho el globo imperial de Gina Parody.

 

@laureanotirado