Norberto Bobbio, notable político italiano fallecido en el 2004, dijo una vez: “Se preguntan cuál es su destino y no han entendido cuál es su naturaleza. Entiendan su naturaleza y resolverán el problema de su destino”. Una frase que si bien iba dirigida a los comunistas, calza perfectamente en el carácter de innumerables políticos que a pesar de haber hecho de la “política” su profesión, pareciera que no tienen la más pálida idea de donde están parados. El problema de no entender tu propia naturaleza, de no saber de qué estás hecho, para qué eres bueno y en qué puedes servir, es que será imposible saber hacia donde vas. Un barco que no sabe que es un barco, corre el riesgo de posarse en el desierto con la inútil pretensión de avanzar hacia un destino al que jamás ha de llegar.

En Colombia somos testigos perennes de políticos que se tambalean de discurso en discurso, de ideología en ideología y de partido en partido. El tipo de político que en lugar de hacer política, hace movimientos tipo piruetas al vaivén de coyunturas que usan para nutrir sus intereses económicos, clientelistas o electoreros. Lagartos que no tienen ningún inconveniente en pelarle la cara al país para abrazar las tesis que defiende un partido como Centro Democrático, y al día siguiente ­–sin ninguna vergüenza– defender las ideas chavistas que representan Gustavo Petro y sus secuaces. El tipo de gente que al no entender su propia naturaleza no tiene claro su destino. Lo paradójico de esto, es que son muchos los que están dispuestos a confiarle el destino de Colombia a esta gente sin destino.

El ejercicio de la libertades en el marco de la actividad política, es una fortaleza de las democracias. Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, a pensar como queramos y a actuar de acuerdo a lo que nuestra conciencia nos dicta; pero, seamos francos, eso de estar cambiando de idea en cada coyuntura, no se parece al simple ejercicio de libertades, sino a juegos malabares que subestiman la inteligencia de una sociedad aburrida de ver a “padres de la patria” haciendo shows que nada le aportan a la solución de los innumerables problemas que adolece Colombia.

Es cierto, como genialmente decía Churchill, que “algunos hombres cambian de partido por el bien de sus principios (…)”, pero hacía referencia a los hombres con principios. Otra habría sido su frase si se refiriera a hombres –más que con principios– con intereses. Seguro hay casos en los que son más pertinentes otras frases del gran Churchill, como aquella que pronunció cuando un  diputado liberal decidió unirse al Partido Laborista… Entonces dijo: “Es la primera vez en mi vida que veo una rata nadando hacia un barco que se hunde”.

@millersoto

Publicado: noviembre 22 de 2020