Según datos del Observatorio de Drogas de Colombia, por sus siglas O.D.C, se estima que alrededor de tres millones de personas han consumido drogas ilícitas alguna vez en el país.  De esta cifra 11,6% son menores de edad, estudiantes que han consumido marihuana alguna vez. Estas investigaciones revelaron también la aparición de 33 nuevas drogas narcóticas de origen químico o vegetal, y el dato que mas llama la atención, es que más de 520 mil estudiantes de entre 12 y 18 años, han consumido drogas al menos una vez en su vida.  

Desde que se implantó el decreto de prohibicion a la dosis mínima van 58 mil comparendos; este es el resultado de la guerra frontal al microtráfico por parte del gobierno del presidente Iván Duque y muestra  una disminución sustancial del consumo en menores, algo que si bien indica que vamos por buen camino en prevención del tráfico y consumo, dimensiona también la enorme complejidad de este flagelo que ha cobrado la vida de tantos niños en nuestro país.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el promedio de vida de una persona que consume drogas es drásticamente inferior a quienes no consumen, tenemos entonces que esta generación de niños y adolescentes que hoy está entre los 7 y 15 años está peligrosamente encaminada al fracaso, y es nuestra responsabilidad actuar de inmediato, si queremos evitar la debacle. 

Lo paradójico es que mientras las universidades, colegios y escuelas de todo el país están permeados hasta la saciedad por el fantasma del tráfico y consumo, uno ve a padres de familia, incluso algunos docentes, promoviendo y defendiendo el derecho a la mal llamada dosis personal, como si se tratara de defender sus derechos al alimento o a la educación. 

Ya está probado que la marihuana es la puerta para la adicción a drogas más fuertes y lesivas como el ‘bazuco’ (de cada 10 adictos que terminaron como habitantes de la calle, 8 aceptan haber iniciado con la marihuana). Sin embargo, los defensores del libre consumo hacen ver a  la marihuana como un producto “natural e inofensivo” cerrando los ojos a una realidad que afecta no solo al niño consumidor, sino también a su entorno familiar y social. 

El panorama no es muy alentador para el futuro de nuestros niños. Esto ya no se trata del poeta que en los 70’s y 80’s se metía un porro y escribía sus versos, o el hippie que dejaba ir su vida al ritmo de la marihuana y el alcohol con su lema “Peace and Love”.

El futuro es de todos. Queremos mas científicos como el doctor Llinás o el doctor Cuero, que vayan por el mundo innovando y aportando a la humanidad. Necesitamos gente que siga la huella de Mariana Pajón, de Caterine Ibargüen, en fin. Necesitamos rescatar a una generación que está llegando y ya tiene infinidad de barreras para surgir.

Pero tenemos que entender todos; los padres de familia, los docentes y directivos de planteles educativos desde primaria hasta la universidad, que es urgente defender y utilizar las herramientas que tenemos a la mano en materia normativa y esto incluye salvar al nuevo Código de Policía. 
Es urgente desarrollar estrategias y acciones más efectivas, determinantes e inmediatas. 

El mundo de hoy es otro, mucho más agresivo y visceral en materia de oportunidades, es preciso que nuestros hijos tengan objetivos claros, alejados del alcohol y las drogas, si en verdad quieren surgir en este mundo cada vez más competitivo. No vamos a descansar en nuestro empeño de construir país desde los principios y desde la familia. 

Esta generación sí tiene salida. No a la dosis personal, en ninguna de sus formas.

@JenniferAriasF

Publicado: julio 18 de 2019