Pobrecitos los desmovilizados de las Farc. Se parecen a La pobre viejecita (ya quisieran ellos).  Lo que sí es claro, es que se quejan más que una parturienta (ella con todo la razón).

Son cínicos estos tipos. No tienen nadita que comer, pero mandan a los Estados Unidos toneladas de cocaína sin que ninguna autoridad competente, nacional o extranjera, tenga derecho a llamarlos para rendir cuentas ante la Justicia, solicitando la correspondiente extradición.

Luego de revisar las imágenes que se han dado a conocer a través de diferentes medios de comunicación, podemos concluir que el “cieguito”, alias Santrich, ve con claridad cuando se trata de cerrar negocios con los carteles del narcotráfico mexicano; no obstante, niega su magnífica visión delincuencial, alegando que todo aquello que presentan los videos, mostrados como prueba irrefutable, es un vil montaje (don Seuxis Paucis, recuerde que la DEA no improvisa y usted terminará pudriéndose en una cárcel gringa).

La estupidez de estos señores es monumental, si creen que los responsables de la lucha contra el narcotráfico en los Estados Unidos les van a creer ese “cuentico”.

Otro es el cantar en nuestra tierra, infestada de personajes taimados y aplatanados. En Colombia, lo que imponga el presidente de turno está atado a las prebendas que pueda repartir entre los senadores y representantes, no en pocos casos, con destino a gobernadores y alcaldes. Es el modus operandi del gran poder, sino trágico de una sociedad que sobrevive de milagro.

En ese orden de ideas, surge una pregunta: ¿ganó la cocaína de las Farc? Sí: ¿se impuso la “mermelada blanca”, esa que es producto de las multimillonarias ganancias de un cartel de drogas avenido a partido político con el aval de “líderes” que, a pesar de su arrogante discurso pacifista, se encuentran en el ojo del huracán por andar tapando las andanzas de empresas criminales que lo único que han hecho es mentir y comerciar con cocaína de alta pureza en Estados Unidos y Europa?

Abramos el debate. ¿Qué peso tendrá Colombia en el futuro, si como sociedad no enfrenta con todo el rigor de la ley el delito que representa llenar de veneno, dolor y muerte las calles del mundo, a través de organizaciones mafiosas que llevan millones de dosis de cocaína a los jóvenes de las grandes metrópolis del planeta?

¿Qué están pensando los responsables del gobierno colombiano ante el evidente viraje que está tomando la estrategia diplomática de los Estados Unidos, con la llegada de Mike Pompeo -amplio conocedor de las operaciones de las Farc en el mundo de la droga-, a la Secretaría de Estado? ¿Creen que los gringos se van a quedar quietos, esperando las decisiones de la amañada JEP?

¿Puede haber, paralela a la Feria del Libro de Bogotá, una “Feria de cancelación de visas” en esta campaña, y también una merecida Descertificación para nuestro país? Esto implicaría un drástico recorte en las ayudas económicas que habitualmente recibimos de los Estados Unidos.

¿Qué democracia aguanta tanta falacia, tanta falta de calidad conceptual y tanta vagabundería, so pretexto de imponer una paz imposible, mientras el narcotráfico siga siendo el corazón de una negociación espuria, rechazada en las urnas por el pueblo?

Desde esta columna, no nos cansaremos de señalar que el narco-comunismo, disfrazado de marxismo, es un engaño que debe desaparecer de la Democracia. Su lugar está en las prisiones de los Estados Unidos. Allá deben terminar todos los voceros de este cartel.

Con todo respeto: Estamos leyendo sobre marxismo “para entender mejor al enemigo”, como dice uno de nuestros mejores maestros. Hemos analizado textos de Engels, Marx, Gramsci y Trotsky; todos, violentos, resentidos y llenos de vacíos emocionales. Más que un conglomerado de principios y doctrinas, esta “ideología” es la proyección de una psicopatía que busca arrasar con la persona, aniquilando sus posibilidades de trascendencia.

“La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.” San Juan Pablo II.

@tamayocollins

Publicado: abril 18 de 2018