En EEUU los discursos estuvieron encaminados a unir al país después de una campaña que polarizó, en Colombia Santos nos divide.

Si el 2016 ha de dejarnos alguna lección será que es un error subestimar a la mayoría silenciosa. En Estados Unidos se dio como un hecho que Hillary Clinton sería elegida la próxima mandataria, pero terminó ganando el NO. El NO a la manipulación de las empresas encuestadoras. El NO a la hegemonía de los medios de comunicaciones. El NO al establecimiento político tradicional y el NO al avance de la izquierda.

Debido a las evidentes similitudes, es inevitable comparar lo sucedido en Estados Unidos con lo que sucedió en Colombia con el plebiscito. El gran error de ambas campañas fue subestimar el poder de una mayoría que confundieron con minoría y, además, no entender que las reglas del juego en la política han ido cambiando.

La sorpresa que se llevaron los estadounidenses y el resto del mundo no residió en que el programa político de Donald Trump no tuviese la solidez suficiente para merecer el triunfo, sino en que, igual que la campaña del NO, se enfrentó al establecimiento y ganó.

En cuanto a los medios de comunicación, inclusive los afines al partido republicano, estuvieron en contra de Trump. No tuvieron en cuenta que la influencia de los mismos ha venido palideciendo frente a la influencia de las redes sociales. Cada vez son más las personas que recurren a ellas para informarse de los aconteceres mundiales, con el aliciente de que en las redes han encontrado un lugar donde se escuchan sus voces.

Las campañas de Donald Trump y del NO tuvieron en común que encontraron eco en las redes sociales, porque los medios tradicionales de comunicación se enfrascaron en un monólogo excluyente en el cual se negaron a reconocer la realidad.  Cada vez son menos los que le creen a los Julitos y a los Coronellitos, porque saben que lo que dicen obedece a intereses alternos a su obligación de reportar la verdad. El político que decida hacer una campaña subestimando el poder de las redes sociales inevitablemente se estrellará como Hillary Clinton y Juan Manuel Santos.

La imagen de las empresas encuestadoras quedaron por el suelo en el 2016. En Estados Unidos todas las encuestas, excepto  una publicada en un periódico de Los Ángeles, dio por ganadora a Hillary Clinton,  mientras que en Colombia ninguna  dio esperanzas de que ganara el NO. Aunque prefiero no pensar que las encuestas puedan estar influidas por unos hilos invisibles, no puedo evitar hacerlo.

Otro error que cometieron en Estados Unidos, al igual que en Colombia, fue creer que el electorado era ignorante. La mayoría sabe identificar la demagogia y la retórica política. Hillary Clinton reclamaba el voto de las mujeres como si fuese un derecho inherente al haber nacido mujer: grave error porque las mujeres no votamos por las mujeres por el solo hecho de ser mujeres, y al igual que los hombres votamos porque nos sentimos identificadas con un programa político y con él o la candidata. Un error similar lo cometió Juan Manuel Santos pretendiendo camuflar unas concesiones excesivas a las Farc haciéndolas pasar como la paz para Colombia. También trataron de atemorizar al electorado amenazándolo con una especie de apocalipsis si ganaba Trump y el NO. Afortunadamente ninguna de esas estrategias funcionó.

En Estados Unidos un sector del partido republicano se abstuvo de apoyar a Trump, apostándole a que después de una aplastante derrota saldrían como héroes a recoger los pedazos rotos del partido con miras a las próximas elecciones. En Colombia sucedió lo mismo: personas como German Vargas Lleras, que evidentemente no estaban de acuerdo con todo lo pactado en Cuba, prefirieron callar mientras le apostaban a la derrota del NO para después capitalizar sobre ella con miras a las elecciones del 2018. Ambas apuestas fallaron. Hoy, el partido republicano, a pesar de ellos mismos y gracias a Donald Trump, tiene la mayoría en el congreso, la presidencia y muy pronto también tendrá la mayoría en la Corte Suprema de Justicia, mientras que los demócratas se embobaban viendo a Barack Obama compartir mojitos y partidos de béisbol con los hermanos Castro. En Colombia, el Centro Democrático, único partido político que puso el pecho para la campaña del NO, será el llamado a recoger los réditos políticos de la victoria.

Entre ambas campañas reconozco tres grandes diferencias: la primera es que en Estados Unidos nadie se atrevería a desconocer la victoria de Donald Trump diciendo, por ejemplo, que estaba lloviendo en Miami o que los pusieron a votar verracos, mientras que en Colombia, de Juan Manuel Santos (ahora ungido con el Nobel de Paz) para abajo, se han dedicado a mentir descaradamente para desconocer la victoria del NO.  La segunda es que en Estados Unidos aprenden de sus errores, pues hoy vemos a muchos reflexionando sobre lo sucedido,  mientras que en Colombia Juan Manuel Santos y la Unidad Nacional siguen insultando y tratando de aplastar a la mayoría silenciosa. Los medios de comunicación, salvo contadas excepciones, tampoco aprendieron la lección y lamentablemente siguen desinformando.

Y la tercera diferencia es que mientras que en Estados Unidos los discursos de Clinton, Trump y Obama estuvieron encaminados a unir al país después de una campaña que polarizó a todos, en Colombia Juan Manuel Santos nos sigue dividiendo. En nuestras manos está recuperar el rumbo de nuestro país como ya lo hizo Estados Unidos.

@ANIABELLO_R