Hace exactamente una semana, la agencia noticiosa Reuters dio la noticia de que Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño alias Timochenko serían posibles candidatos para el Nobel de Paz. Al mismo tiempo, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y los promotores del NO eran tratados como parias mientras luchaban por conseguir cualquier espacio para promocionar su campaña.

En un abrir y cerrar de urnas, el domingo 2 de octubre, toda la realidad política de Colombia cambió. Detrás de esa campaña del NO estuvieran muchos, tanto Uribistas como no Uribistas, pero la verdad es que, si hubiera perdido el NO, el dueño de esa derrota indudablemente hubiera sido Uribe.

Como partido el único que puso el pecho arriesgando su capital político fue el Centro Democrático.  Personajes muy importantes como el ex presidente Andres Pastrana, la ex ministra Martha Lucía Ramírez y el ex procurador Alejandro Ordoñez heroicamente se apartaron de la empalagosa mermelada que fluyó dentro del partido Conservador con el propósito de apoyar el NO. Igualmente dieron la batalla importantes juristas como José Gregorio Hernández, Jaime Castro, Rafael Nieto Loaiza, Fernando Londoño Hoyos, entre otros, que después de un juicioso análisis del acuerdo de La Habana entendieron, y  motu propio divulgaron, el peligro que representaba especialmente para nuestro sistema jurídico por aquello del tenebroso Tribunal Especial que rompía de tajo principios tan elementales y fundamentales del derecho como la cosa juzgada.  Pero los verdaderos soldados de esta batalla estaban en las calles, ciudadanos del común que con sus propios recursos repartieron volantes, pegaron microperforados e hicieron pedagogía para explicar los alcances de esos acuerdos.

Una parte del triunfo del NO también se le debe atribuir a Juan Manuel Santos. Su actitud triunfalista y polarizadora fueron determinantes para que un importante número de colombianos salieran a votar por el NO. Sus errores fueron entre otros tratar de guerreristas, perros rabiosos y gatos a los que no estaban de acuerdo con la forma como se llevaban los acuerdos. Este fue un error que cometieron también muchos de sus colaboradores y miembros de la Unidad Nacional. Comentarios retadores y humillantes de personas como los senadores Armando Benedetti y Roy Barreras le hicieron daño a la campaña del SÍ y posiblemente a sus carreras políticas ya que seguramente será un motivo para que en las próximas elecciones les pasen la cuenta de cobro en las urnas.

A Santos le costó trabajo leer a los colombianos. Creía que pasaba desapercibida la manera burda como influía a las demás ramas del poder público. Irónicamente, la salida de Alejandro Ordoñez de la Procuraduría le hizo más daño a la campaña del SÍ que bien a la campaña del NO, porque tejió un manto de duda sobre el respeto a las instituciones por parte de Santos.

El haber usado a Gina Parody para conseguir votos por el SÍ después de la debacle de las cartillas y la ideología de género fue otro acto retador hacia los padres de familia y comunidades cristianas y católicas que también tuvo sus efectos en las urnas.

El show mediático, sin precedentes, montado en Cartagena tampoco ayudó a la campaña del SÍ.  La fastuosidad del multimillonario evento donde quisieron mostrar a Timochenko como un gran héroe nacional les cayó mal a muchos. Mientras alababan a las Farc, muchos se preguntaban dónde estaban los niños reclutados que en tantas ocasiones han prometido devolver y de los que solo han entregado a menos de una docena entre centenares que hay en sus filas.

Otro error que cometió Santos en Cartagena fue ensillar la bestia antes de traerla. Nadie podía entender que armara tremendo show internacional para firmar un acuerdo cuya vigencia dependía de la refrendación del pueblo colombiano.

No se entiende como Juan Manuel Santos, con dinero, funcionarios públicos haciendo campaña, el Papa amenazando con que no visitaba a Colombia a menos de que se firme el proceso de paz, el apoyo de la comunidad internacional, haya logrado perder. Trataron de culpar al huracán Matthew por la alta abstención, como si la lluvia solo afectara a los votantes por el SÍ. Es cierto que la abstención fue alta, aunque históricamente lo ha sido y en idénticos niveles a los del domingo pasado, pero también es cierto que la lluvia afectó por igual tanto a los partidarios del SÍ como a los partidarios del NO.

El efecto del NO es claro: ese acuerdo que se redactó en la Habana y que se firmó en Cartagena no existe, nunca logró ver la vida jurídica. Hagan de cuenta que celebraron con un baby shower la llegada del bebé, pero ese bebé murió antes de nacer.

Como en todo proceso democrático hay ganadores y perdedores. En este caso el perdedor fue uno, Juan Manuel Santos, pero los ganadores dos, Álvaro Uribe y Colombia, que le debería estar dando gracias a Dios por haberla salvado de un pésimo acuerdo. Hoy tenemos la oportunidad de lograr unos acuerdos que tengan en cuenta a las verdaderas víctimas sin concesiones excesivas a los victimarios. No desaprovechemos esa oportunidad.

 

@ANIABELLO_R