Luego de recorrer varias localidades de la ciudad y concentrar mis esfuerzos en averiguar lo que dice la gente en la calle, ad portas de la elecciones locales y regionales, quiero compartir algunas ideas que recogí del pueblo bogotano, especialmente el que reside en las localidades de Bosa, Chapinero, Kennedy, Puente Aranda, San Cristóbal, Suba y Usaquén.

Para empezar, debo decir que la candidatura de Hollman Morris no tiene eco en la ciudad, particularmente en las mujeres, quienes no pierden la oportunidad para sacarle en cara al candidato de las Farc y de la Colombia Humana el escándalo por violencia intrafamiliar del cual es protagonista.

Frente a Miguel Uribe Turbay, la lectura es más amable. Él se ha ganado el reconocimiento de la ciudad, no solo por ser un joven valor de la política cachaca, sino también porque desde ya se ha erigido como un actor indiscutible del debate capitalino. Su calidad personal e intelectual serán claves en la conquista de objetivos más altos en un futuro cercano.  

Claudia López no representa a todas las mujeres: ni a las que son, ni a las que aparentan serlo. De hecho, a la mayoría de señoras entre los 35 y los 55 años, madres de adolescentes y universitarios, no les gusta el tema de la marihuana en los parques y mucho menos la idea del “pico y placa” para el consumo de yerba en lugares tan queridos para ellas.

Podemos sumarle a lo anterior que un número altísimo de ciudadanos, entre los 40 y los 80 años, están cansados de la dictadura que ha querido imponer la comunidad LGBTI en la ciudad, específicamente en lo concerniente a la ideología de género. Ese tema le ha hecho daño a la candidata del Partido Verde y del Polo, este último, partido que avaló a Samuel Moreno, responsable directo del carrusel de la contratación.

Así las cosas, a pesar de que un entusiasta número de jóvenes con edades entre los 18 y los 34 años votará por Claudia, una población aún mayor, conformada por ciudadanos entre los 35 y los 65 años, le teme a los vaivenes del temperamento irascible de la candidata y se opone vehementemente a la agenda ideológica que ella propone convertir en política pública.

Carlos Fernando Galán, en cambio, es un candidato que despierta simpatías en todos los sectores: nadie pelea con él, porque debate sin insultar, con argumentos y con decencia. Nos ha tapado la boca a muchos y ha logrado posicionar en el imaginario colectivo la idea de acabar con la polarización, para que, unidos, podamos trabajar por una Bogotá para la gente.

Galán se ha crecido en la campaña, con humildad y claridad en las ideas: ante las calumnias, ha respondido con grandeza.

Y hay algo que, por lo especial, se sale de toda medición estadística, un hecho que pude observar en diferentes barrios: se ha despertado un sentimiento de cariño muy grande por la memoria de Luis Carlos Galán. Treinta años después de su magnicidio, los bogotanos que jamás pudieron votar por él, ven en Carlos Fernando rasgos muy significativos de quien seguramente hubiese sido elegido Presidente de Colombia en mayo de 1990. Esto se siente más fuerte en los estratos medios y bajos.

La ciudad independiente, esa que le dio tantos votos al Nuevo Liberalismo, la ciudad que es admiradora de lo que representa la figura y el legado de Luis Carlos Galán, votará por Carlos Fernando, el hijo menor del mártir, ese que siendo un pequeño de apenas 12 años comenzó su carrera política al lado de su padre.

Carlos Fernando Galán ha hecho una gran campaña, positiva y sin insultos. Por eso, tal como lo hizo su padre, ha logrado meterse en el corazón de la ciudad. Dios mediante, el 27 de octubre será elegido como el nuevo Alcalde Mayor de Bogotá.

Con Todo Respeto: La cantidad de chaquetas, camisetas y buzos rojos que se están viendo los domingos, tanto en el populoso sector del 20 de julio como en diferentes iglesias de la ciudad, es muy diciente…

#GalanParaLaGente

@tamayocollins

Publicado: octubre 23 de 2019