El Gobierno de Juan Manuel Santos dejó, sin lugar a dudas, un pésimo precedente en el manejo de las instituciones Gubernamentales. Durante los 8 años de esta administración que se acaba se transformó por completo el manejo del sector publico. Infortunadamente, este cambio no se motivó a la intención de mejorar su calidad, sino a convertirlo en una moneda de cambio con la cual el Gobierno negociaba la aprobación de sus maltrechos proyectos en el Congreso.

Entidades como Colciencias, fundamental para el desarrollo de los procesos de ciencia y tecnología en el País, tuvo 9 directores en estos 8 años, el Ministerio de Justicia, responsable de diseñar y poner en marcha la política de un sector que con urgencia requiere una reforma estructural, tuvo 6 Ministros en 7 años (se creó en el 2011) y el Ministerio de Minas, esencial para lograr una política estructurada de transformación y sostenibilidad energética, tuvo 7 Ministros en este Gobierno.

Esta desafortunada situación, que se repite en la mayoría de entidades estatales, demuestra que para esta administración la dirección de las instituciones no tuvo en cuenta criterios técnicos para su gestión, sino que, prácticamente, se convirtió al sector público en un fortín burocrático para repartir entre los partidos de la coalición de Gobierno.

¿Qué nivel de políticas se pueden proyectar en una entidad cuando cada año se cambia el director de la misma? ¿Qué nivel de seriedad le da el Gobierno a un sector cuando nombra prácticamente 1 Ministro nuevo cada 15 meses?  ¿Qué mensaje se le manda a la sociedad cuando el acceso a los cargos públicos no responde a la calidad del profesional sino a su afiliación partidista?

Estas preguntas, más que suscitar un nuevo debate frente a la mala gestión administrativa de este Gobierno saliente, me permiten hacer un llamado a la reflexión y resaltar la nueva visión de País con que Iván Duque propone liderar la Nación.

La eliminación de los Ministros/Directores “chispita mariposa” (porque se prenden y apagan cada año) y la conformación de un gabinete técnico, con experiencia y que responda realmente a las necesidades de cada sector es sencillamente el comienzo de una gran reestructuración en el manejo del sector público que permitirá darle continuidad a las políticas que requiere cada entidad para cumplir satisfactoriamente con su deber.

Independientemente de los nombres que suenan en estos días para conformar dicho gabinete, lo que se denomina coloquialmente como “gabinetología”, lo más importante que debe saber la ciudadanía es que un nuevo enfoque de Gobierno ha llegado, donde el Estado se mira como un gran andamiaje institucional al servicio de la comunidad liderado con seriedad, profesionalismo y análisis y no como una maraña burocrática que solo sirve para satisfacer cuotas políticas.

@Tatacabello

Publicado: junio 29 de 2018