“¡Quieta, Piedadcita! Que no se mueva la culebra, que en La Habana está funcionando muy bien el plan turístico que don Juampa, como le dice doña Mechas, ha puesto en curso desde el año 2012…! ¡Sí, el Plan “Pis” todo incluido…!”

Seguramente, un culebrero de esos que tanto detestan en la Casa de Nariño, podría empezar de esta manera su rutina de venta diaria, si se propusiera hablar sobre lo que está sucediendo en La Habana con el enmermelado proceso de paz.

Sin duda, lo que observa el ciudadano del común es una cadena ininterrumpida de falacias y dádivas, que se fabrican en Cuba, con el beneplácito del Gobierno Nacional. Falacias para el pueblo colombiano y dádivas para el narcoterrorismo. Porque no hay plazo que se cumpla, ni compromiso alguno por parte de las Farc, de pedir perdón por los crímenes cometidos, que son incontables y están marcados en la memoria de millones de colombianos, víctimas no escuchadas por el “equipo negociador”, a pesar de la meticulosa tramoya que se ha sabio montar al respecto.

No hay atisbo, por parte de los terroristas en vacaciones, de interrumpir su fabulosa carrera como principal cartel del narcotráfico del mundo, cuyos capos están sentados en la mesa de diálogo como voceros y negociadores oficiales. Para ellos el plan todo incluido es perfecto: camas mullidas, viandas espléndidas, conciertos de rock, partidos de béisbol, paseos por la playa y pantalla. Prensa pagada a todas horas, para repetir mentiras, que de tanto repetirse, se terminan convirtiendo en “verdad”.

Dentro de este plan todo incluido, se ofrecen penas que dan risa, con la excusa de una solución transicional, que más parece una burla, y que no se puede aplicar como se pretende, si se tiene en cuenta que la mayoría de delitos cometidos por las Farc, son incompatibles con los cánones que rigen esta modalidad de suavizar el castigo, cuando se busca preservar el sagrado valor de la Justicia.

Lo sabemos: se está regalando el país, y se encuentra gravemente amenazado el futuro económico y social de la Nación; vale decir, el suyo y el mío. Porque desconocer la realidad de las Farc, un grupo armado organizado, conformado por individuos que lo único que saben hacer es matar, extorsionar, secuestrar, sembrar, cultivar y traficar cocaína, amén de padecer graves trastornos mentales, es inaudito.

Pero lo escandaloso es que mientras esto es lo que muchos temen decir, para evitar caer en las fauces del Régimen – que sigue vivito y coleando, con el elefante sentado en el trono de Unasur-, el pueblo colombiano sigue escuchando falacias, en tanto afronta una situación desesperada.

Para la muestra estos hechos: inflación galopante, que ya rebasó la meta fijada para el año, y carcome el bolsillo de la gente todos los días (los precios de los alimentos se han disparado, y hoy lo que se gana no alcanza).

La corrupción es criminal, y el Gobierno en lugar de poner coto a esta situación, da un pésimo ejemplo, pues gasta el dinero de nuestros impuestos pagando lujos y favores políticos de forma descarada.

La deuda pública se salió de madre y el panorama de la economía es poco alentador según los expertos. Pero tranquilos, que todo va muy bien, como si estuviéramos viviendo en otro mundo…

Con todo respeto: ¿A quién se le ocurre nombrar un ministro con antecedentes disciplinarios? ¿Hasta cuándo los sobrecostos multimillonarios y la entrega de obras sin terminar? ¿Qué hay detrás de la rimbombante visita a Buckingham Palace en Noviembre? ¿El cierre de un gran negociado?

“¡Quieta, Piedadcita, que la culebra no se mueva…! ¡Venga le muestro, este es el plan “Pis” todo incluido!”

@tamayocollins