Terminaron la angustia y la zozobra para una familia que no ahorró esfuerzos para dar con el paradero de su esposa, madre, hermana, prima y amiga. Después de 16 largos días, María José Castaño fue encontrada en las inmediaciones del centro comercial Salitre Plaza, en Bogotá, el jueves 21 de febrero. Una amiga de la Iglesia a la cual asiste la reconoció. “¿María José?”, fue la pregunta que le hizo. Luego, todo fueron lágrimas.

En segundos, una cadena de llamadas telefónicas conectaba a la familia y a los investigadores encargados de este caso. Esposo, hijos, tíos, primos y amigos, así como el Gaula, el CTI y la Policía Nacional se enteraban de esta buena noticia que estaba esperando toda Colombia.                                                                                                                 

Siendo las 11:20 a.m., María José se fundía en un abrazo eterno con su marido. La imagen que se destaca en este artículo es más elocuente que las palabras.

Según sus familiares, María José aún no recuerda nada y está muy delgada. Confirman que los días que estuvo desaparecida se reflejan en el estado de sus manos y sus uñas, así como en la hinchazón de sus pies. Se encuentra agotada, sólo llora, cabizbaja, mientras recibe el amor de los suyos, quienes la besan y acarician, al tiempo que le recuerdan lo mucho que la aman, a través de palabras llenas de esperanza y gratitud. Un sentimiento indescriptible, lleno de afecto y confianza en Dios, late en el corazón de todos.

Las autoridades hacen la valoración de rigor. María José es remitida a controles médicos. De inmediato se inicia el tratamiento de estabilización. Acompañada de sus más allegados, la diseñadora caldense, cuya desaparición fue noticia en más de 60 medios de comunicación y en las redes sociales más visitadas del país, termina una pesadilla que sólo podrá entender una vez recupere la memoria.                                          

Alrededor de la desaparición y regreso de María José hay grandes lecciones que podemos recibir como sociedad: ¿Cuántas personas que pasan por nuestro lado en la calle pueden estar desaparecidas para su familia?

Debemos empezar a derrotar la indiferencia. El reporte de 3600 desaparecidos en Bogotá durante el 2018 es una cifra que nos debe estremecer. Abramos la puerta a la solidaridad. Seamos parte de la solución de un problema silencioso que hoy arrasa con la tranquilidad de muchos hogares en Colombia.

Impulsemos más espacios donde “meternos en los zapatos” del otro sean una oportunidad para crecer como sociedad.

Consideramos pertinente reconocer la oración como factor coadyuvante para la cohesión social. Los expertos afirman que cuando la oración es compartida con Fe, por corazones humildes y generosos, sus frutos son infinitos y ofrece resultados que enaltecen el alma colectiva.

En el caso de la desaparición de María José, por citar un evento que encendió las alarmas en torno al drama de las desapariciones, miles de colombianos compartieron rosarios, eucaristías, jornadas de reparación ante el Santísimo y oraciones personales por su regreso, hecho que refleja la existencia de una Fe viva en el corazón del pueblo colombiano.

Sea esta la oportunidad para agradecer a todos y cada una de las personas que se unieron a la campaña de búsqueda de María José.

En medio de esta gran alegría, deseamos una pronta recuperación para ella, y pedimos a Dios perseverancia y amorosa fortaleza para su familia.

Con Todo Respeto: Hacemos un llamado respetuoso a las autoridades para que adelanten las diligencias pertinentes que permitan concluir las investigaciones del caso.

#NoMasDesparecidosEnColombia

@tamayocollins

Publicado: febrero 27 de 2019