Pasó más de 3 años en la cárcel por cuenta de testigos falsos. Luis Alfredo Ramos ha recuperado la libertad.

Empieza a desmoronarse una dolorosa infamia que se puso en marcha hace más de 3 años cuando la politizada sala penal de la Corte Suprema de Justicia, basada en el decir de unos testigos falsos, ordenó la captura del dirigente uribista Luis Alfredo Ramos Botero.

Todo el proceso penal que se le sigue al doctor Ramos a quien se le acusa de haber tenido vínculos con grupos paramilitares está erigido sobre unas bases deleznables y a todas luces prefabricadas. El objetivo de quienes han promovido los falsos testimonios en contra del líder uribista era, claramente, el de acabar su promisoria carrera política.

Ramos fue capturado en agosto de 2013, pocos días después de haber anunciado que buscaría ser el candidato presidencial del Centro Democrático. Su nombre, tan pronto ingresó a la baraja de candidatos tomó tanta fuerza que todos los observadores daban por descontado que el candidato sería él.

La acusación contra Ramos es estrambótica e inverosímil. Le endilgan responsabilidad por haberse reunido con unos miembros de las AUC para ofrecerles respaldo en la aprobación de la ley de Justicia y Paz cuando él era Senador de la República.

Ramos, que en efecto ocupó una curul hasta 2006, fue un congresista serio y juicioso que acompañó la agenda legislativa del gobierno de Uribe y nadie puede acusarlo de haber celebrado pactos secretos con agentes ilegales.

Durante el largo y cruel proceso penal que se ha adelantado en su contra, se ha evidenciado que dos testigos en contra suya mintieron. A uno de ellos, Mauricio de Jesús Palacio,  la fiscalía le imputó el delito de fraude procesal. Es reo ausente, pues el falso testigo se escapó de Colombia para evitar responder judicialmente por su delito.

El otro falso testigo, Carlos Enrique Areiza aceptó los cargos y actualmente se encuentra privado de la libertad por ese delito. En su confesión declaró que el senador Iván Cepeda, uno de los cerebros del carrusel de falsos testigos contra el uribismo, le ofreció 100 millones de pesos para que declarara no solamente contra Ramos sino que también debía hacerlo contra el senador José Obdulio Gaviria.  (Puede leer “El fabricante de testigos”).

El proceso contra Ramos aún continúa, pero podrá seguir defendiéndose de la infamia que le montaron en libertad, rodeado por su familia y seres queridos.

Si en Colombia algo de dignidad le queda a la justicia, el exgobernador Ramos debe ser absuelto en el juicio que se le adelanta en la Corte Suprema de Justicia.

Nadie en ningún lugar del planeta entiende que una persona esté judicialmente enredada por cuenta del testimonio de personas que han reconocido que mintieron a cambio de prebendas que les ofreció un congresista opositor al uribismo, como es el caso de Iván Cepeda Castro.

Una vez Luis Alfredo Ramos salga de los problemas con la justicia, tendrá un escenario político muy favorable y no se descarta que quiera correr por la presidencia de la República en 2018, pues al fin y al cabo durante estos años de ignominioso encierro su fuerza política no solo se ha mantenido sino que ha crecido por cuenta de la solidaridad que despertó la tragedia que ha tenido que vivir.

@IrreverentesCol