Quiero contarles que los últimos días antes de las elecciones del 17 de junio fueron muy estresantes. Aunque las encuestas daban como ganador a Iván Duque y a Colombia, siempre tuve algunos sustos; el voto silente, el crecimiento de la votación y, obviamente, la posible mano o ayuda que el gobierno pudiera hacer.

Pero bueno, ya estamos al otro lado y ganó la cordura. Era una pesadilla pensar que, después de todas las advertencias y de ver la desgracia de nuestros vecinos venezolanos, los colombianos diéramos ese salto al vacío. Sin embargo, el camino hacia adelante -aunque más tranquilo- está lleno de complicaciones.

No ha pasado una semana desde la elección y nuestro nuevo Presidente tiene a gran parte de la prensa en contra, prensa que inexplicablemente en muchos casos pensaba que era mejor opción el otro candidato. Falta demasiada objetividad en muchos de los planteamientos y existen odios a personas cercanas que les nublan el cerebro, pero el hecho que se quiera acabar con la publicidad oficial en medios privados (la manera como Santos manejó y manipuló a los medios para el apoyo a su gobierno) los va a poner en aprietos. Esperemos que con el tiempo y con buenos resultados en gestión empiece la prensa a ser más objetiva y menos revanchista.

Además de la prensa, el nuevo gobierno tendrá la oposición del derrotado en las elecciones -que se siente ganador- y de su equipo que está compuesto por personas que incitan a la violencia, la lucha de clases y que manipulan con verdades a medias para hacerle imposible la gestión a Duque.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, el presidente Duque no la tendrá fácil porque, adicional a esa oposición poco reflexiva y subjetiva, se le debe también además la dura situación en la que recibe el país; un proceso de paz mal elaborado, sin gerencia y con mucha impunidad, una situación fiscal complicada y, socialmente, con una polarización exacerbada.

El primer y principal reto que tendrá el nuevo gobierno será hacer un buen equipo de gobierno, sin tacha, con personas idóneas, jóvenes, que no generen polémica ni desgaste con la oposición y le den tranquilidad a los colombianos. En este tema no se puede dar papaya porque los interesados en que falle se agarraran de cualquier tema para atacar al gobierno. Si logra disminuir la polarización y dejar sin piso a la oposición con un buen equipo de gobierno tendrá más despejado el camino.

Con el Congreso tampoco la tendrá fácil. Es una obligación moral acabar con las prebendas y los cupos indicativos que han sido un foco de corrupción gigante, pero también ha sido la manera como el ejecutivo históricamente ha logrado las mayorías. Este gobierno tendrá que hacer mayorías y consensos con las ideas y haciendo entender a los congresistas que la guachafita se acabó, que no hay compromisos burocráticos, que esta es talvez la última oportunidad que tendrán para demostrarle a país que sí se puede trabajar honestamente por los electores.

Si no logramos demostrarle a país que se puede gobernar sin corrupción y sirviendo a la comunidad, en las próximas elecciones nos pasarán la cuenta de cobro y ahí sí, apague y vámonos.

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: junio 25 de 2018