Ayer habría cumplido 70 años Carlos Holmes, el Ministro, Embajador, Constituyente, candidato, profesor y político, pero sobre todo mi amigo. Un personaje único e irrepetible que nos dejó innumerables enseñanzas y que fue llamado al cielo antes de tiempo.

Casi ocho meses han pasado desde su partida y cada vez lo extrañamos más. La decencia con que ejercía su liderazgo será una marca que pocas personas podrán equiparar. En estos tiempos turbulentos de confrontaciones internas, chismes, peleas, descalificaciones y ataques, nos damos cuenta de lo valiosa que era su presencia en el debate político nacional.

No importaba qué tan viscerales fueran las mentiras en su contra, la sabiduría que da la experiencia y la prudencia innata a su carácter le permitían desvirtuar con argumentos y no con insultos las infamias.

Toda una vida de servicio a Colombia le habían permitido tener un panorama claro de los problemas del País y las soluciones necesarias para solventarlos. Ayer, 23 de septiembre, debería haber estado recargando baterías para afrontar en una nueva década el único desafío que le quedaba en su carrera: la Presidencia de la República.

Sin embargo, la vida, esa vida que nos hace quienes somos pero que a veces no entendemos, decidió parar antes de tiempo el reloj de un gigante. Tantas cosas quedaron pendientes, tantas charlas, tanto por hacer por la Nación que tanto quería.

Muchas son las formas que tenemos para recordarlo. La transformación que logró en la educación básica y media cuando fue Ministro de Educación, las relaciones comerciales que fortaleció como Embajador, la agenda legislativa que sacó adelante como Ministro del Interior, las alianzas multilaterales que construyó desde la Cancillería o los golpes que le dio al narcotráfico desde el Ministerio de Defensa.

No obstante, personalmente me quedo con su decencia, con su caballerosidad, con su don de gente. Con esa genuina preocupación por el devenir del prójimo, por nunca enceguecerse por el poder, por escuchar siempre a ambas partes, por nunca convertir los temas personales en ataques políticos y por siempre responder con argumentos, con ideas, con propuestas.

Sin importar lo que nos duela su ausencia en este plano de la existencia, el cielo hoy estuvo de celebración. Siete décadas después de su natalicio, los ángeles volvieron a arropar con su manto a un alma pura que ahora descansa en paz.

Feliz cumpleaños, Carlos.

Quienes te conocimos nunca te olvidaremos. Quienes tuvimos el placer de ser tus amigos, siempre te recordaremos. El tiempo pasa y el dolor que causó tu partida poco a poco se va convirtiendo en la remembranza de tantas anécdotas, enseñanzas y buenos momentos que pasamos juntos.

@Tatacabello

Publicado: septiembre 24 de 2021