Durante la época dorada de la emulación entre liberales y conservadores, Alberto Lleras acuñó una frase que resumía el temor que embargaba a los funcionarios públicos, cuando había un cambio de gobierno: “¡que tiemblen los porteros!”.

Con aquella sentencia se pretendía significar que con la asunción de un nuevo gobierno, venía una barrida de funcionarios.

Cuando aquellos episodios han quedado en el pasado, Colombia se enfrenta a un nuevo temor en caso de que el candidato de izquierda, Gustavo Petro, gane la presidencia de la República. En reciente entrevista radial con la periodista Vicky Dávila, Petro se refirió al manejo que le dará a la propiedad privada en Colombia.

Petro tiene en la mira la propiedad rural de nuestro país. Empezó recordando la función social de la misma y el deber por parte de los propietarios de que ésta sea productiva, un concepto bastante ambiguo, pues no es muy fácil determinar hasta qué punto un predio es o no es productivo.

Petro ha planteado una estrategia que parte por asfixiar a los dueños de la tierra. El candidato de izquierda asegura que como presidente subirá exponencialmente los impuestos prediales a las propiedades agrarias. Con esa medida busca que los dueños de la tierra, que no tendrán cómo pagar los tributos, se vean obligados a vender sus predios a cualquier precio, es decir por debajo del valor real del mercado.

Dice Petro que el Estado comprará esas propiedades para luego entregarlas gratuitamente a los campesinos.

Aquella operación, en la práctica es una expropiación disfrazada. Bajar forzosamente el precio de la propiedad privada a punta de impuestos impagables, atenta contra la estabilidad social y económica de un país. ¿Quién va a decidir si una finca es productiva? Para ese efecto, Petro tendrá que llenar a Colombia de “policías” agrarios que arbitrariamente decidirán si las tierras cumplen o no con las condiciones del gobierno.

En un mundo donde los impuestos tienden a ser reducidos para efectos de estimular la iniciativa privada, Petro propone hacer todo lo contrario. Con su plan de expropiaciones, simple y llanamente pone en riesgo a toda la agroindustria colombiana. Los principales perjudicados serán los ganaderos, gremio al que Petro ha estigmatizado a lo largo de su carrera política. Pero ellos no serán los únicos perjudicados.

Antes de ganar las elecciones presidenciales en Venezuela, Chávez se presentaba como un manso cordero. Abundan sus entrevistas como candidato en las que mostraba un discurso de izquierda “moderado” con el que pretendía camuflar su verdadero talante totalitario. En su momento, las voces que alertaron sobre la amenaza chavista, como la del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, fueron desoídas. Las consecuencias saltan a los ojos de todos. Venezuela fue destrozada. Se requerirán muchos años para reconstruir social, económica e infraestructuralmente a ese país.

El Petro de hoy es en extremo parecido al Chávez de 1998, ese lobo con piel de oveja que embaucó a todo un pueblo que hoy sufre los efectos nefastos del socialismo del siglo XXI.

Los colombianos ya están notificados. Los dueños de la tierra que Petro catalogue como “improductiva”, serán asfixiados tributariamente para efectos de obligarlos a vender a cualquier precio sus propiedades, las cuales serán adquiridas por el Estado para luego serles obsequiadas a los campesinos. Si ese panorama no es motivo de preocupación, entonces ¿qué lo es? Ante una victoria de Gustavo Petro, ¡que tiemblen los propietarios!

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 7 de 2018