Santos está exprimiendo hasta la última gota ese limón llamado “servicio diplomático”. Él es presidente hasta las 3 de la tarde del 7 de agosto y tiene el deber de gobernar el país hasta que el presidente Duque asuma el mando.

Pero hay unas normas y unas formas que deben ser respetadas, sobre todo en materia de diplomacia y política exterior.

Es natural que el presidente entrante haga los cambios en las misiones diplomáticas colombianas, designando a las personas que él considere son idóneas para representar al país en el exterior.

En diplomacia, las formalidades son fundamentales. No es serio andar cambiando de embajadores y cónsules intempestivamente, razón por la que Santos debió abstenerse de hacer nuevos nombramientos, teniendo en consideración que su mandato está a punto de extinguirse.

Ha llamado poderosamente la atención que el putumayense ministro del Interior y perseguidor implacable del uribismo, Guillermo Abel Rivera, vaya a ser enviado a la embajada en Chile. Santos ha dicho que ese nombramiento se debe a que el saliente ministro tiene problemas de seguridad. ¿Quién está amenazando al ministro? ¿Las Farc, las denominadas disidencias o su esposa?

Hay otro caso indignante. A comienzos de este año, el tribunal administrativo de Cundinamarca dejó sin efectos el nombramiento de la señora Carmenza Naranjo –hermana del general Naranjo- en el consulado de Colombia en Bilbao.

En criterio del tribunal, el cargo de la hermana del hoy vicepresidente de la República debía ser ocupado por un funcionario de la carrera diplomática y consular, razón por la que procedió a tumbar el decreto que la designaba como ministra consejera encargada de asuntos consulares en Bilbao, España.

A pesar de que existe un fallo judicial separando a la hermana del vicepresidente de aquel consulado, la canciller María Ángela Holguín –esa misma que favoreció con un contrato multimillonario al hoy preso Roberto Prieto- volvió a nombrarla, pasándose por la faja las decisiones judiciales adoptadas a comienzos de año.

En efecto, el decreto 1201 del pasado 12 de julio nombra nuevamente a la bendecida hermana del vicepresidente, teniendo en cuenta que “de acuerdo con el principio de especialidad, y con el fin de atender situaciones relacionadas con la necesidad del servicio, y con el objetivo de garantizar el cumplimiento del servicio de la política exterior, se designará en provisionalidad a la señora Carmenza Naranjo Trujillo, quien cumple con los requisitos establecidos en el artículo 61 del Decreto-Ley 274 de 2000, ‘por el cual se regula el Servicio Exterior de la República y la Carrera Diplomática y Consular’”.

Así las cosas, el gobierno entrante tendrá que soportar que en Bilbao esté la favorecida hermana del general Naranjo, haciendo y deshaciendo en aquel consulado, a pesar de que a principios de este año el tribunal administrativo de Bogotá hubiera resuelto invalidar su nombramiento.

Para satisfacer sus intereses personales, Santos está acostumbrado a pisotear y escupir la ley si es necesario. Comportamiento similar ha observado su ministra de Relaciones Exteriores quien cree que puede pasarse por la faja todas las normas y decisiones judiciales. En criterio de un experto, más temprano que tarde la saliente ministra de Santos deberá responder por sus abusos, pero sobre todo por la contratación en la cancillería, empezando por el brutal contrato asignado a dedo a Roberto Prieto y por el que altos funcionarios de la cancillería –subalternos de la señora Holguín- van a terminar en tras las rejas.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 17 de 2018