La llegada de Iván Duque a la Presidencia de Colombia ha sido recibida como un bálsamo por la opinión en general, toda vez que el ritmo ejecutivo y el carisma arrollador del nuevo mandatario empiezan a marcar felices diferencias con su antecesor.

Con expectativas aterrizadas y comentarios técnicos, que responden a la gravedad del estado actual del país, que en ningún caso se parece al cuento de hadas que pintó por años el Nobel de Odebrecht, los colombianos comenzamos a conocer cuál será la manera de tratar los problemas por parte de quienes integran el nuevo gobierno,  profesionales competentes que saben exactamente lo que deben hacer para sacar adelante sus correspondientes desafíos.

Dentro de la gran cantidad de expresiones y noticias publicadas tras la posesión presidencial, un asunto particular se ha colado en medio de tanta información: la necesidad de hacer un exorcismo en la Casa de Nariño. (Esta inquietud de tantos compatriotas, merece ser tenida en cuenta por el Presiente Duque. Por lo tanto, el exorcismo debe llevarse a cabo en secreto, con la privacidad que demanda este tipo de acciones).

De igual modo, creemos conveniente que el joven gobernante tenga presente uno de esos momentos de luz de nuestra historia contemporánea, donde presenciamos el accionar de la Providencia, a través de la oportuna coincidencia entre espiritualidad y poder, ejemplificada magistralmente en la relación que sostuvieron el papa Juan Pablo II, amado santo de la Iglesia Católica, y el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.

Es reconocido por analistas y expertos, que la influencia de estos titanes de nuestro tiempo fue definitiva para la caída del Comunismo en Europa Oriental; sin embargo, más allá del enorme poder que ambos líderes tuvieron en su momento, fue la sólida amistad personal que construyeron, la que permitió este inmenso logro de la razón unida a la Fe en apenas 11 años.

En el caso colombiano, lo que se viene no es un chiste, especialmente en lo referente a la implementación de los espurios acuerdos de La Habana, y la siguiente etapa de la negociación con el ELN.

En consecuencia, es pertinente acceder a dos libros esenciales, para conocer los pormenores y las claves de la amistad del papa Wojtyla y del presidente Reagan, a fin de seguir una línea de trabajo político-espiritual, con el propósito de neutralizar de forma definitiva el peligroso narco-comunismo que amenaza nuestro devenir.

Los libros a los cuales me refiero son: “Testigo de esperanza”, biografía de Juan Pablo II, escrita por George Weigel, y “Ronald Reagan in private – A Memory of my years in The White House”, obra de Jim Kuhn, secretario privado del presidente republicano, quien además lo acompañó en múltiples viajes alrededor del mundo.

Después de su lectura, vemos que todo líder que se enfrenta a esta ideología, por encima de cualquier otra consideración, debe ser un defensor a ultranza de la Libertad, poseer una visión que una primera infancia y vejez, y tener la voluntad política para emplear la fuerza del Estado, de manera contundente, con el objetivo de doblegar cualquier atisbo de rebelión por parte de los “negociadores” comunistas.

Finalicemos nuestra colaboración de esta semana, recordando que Reagan, 9 años mayor que Wojtyla, no ocultaba su admiración por el valiente Obispo de Roma, quien se había enfrentado a los comunistas con inteligencia y coraje durante más de 20 años. Por su parte, Juan Pablo II sabía del temple del político estadounidense, reflejado en el liderazgo que había mostrado, desde el mismo inicio de su mandato, en la lucha por la defensa de la Vida al interior de una sociedad liberal, incluso permisiva en asuntos como el aborto y la eutanasia.

Con todo respeto: Ojalá se haga el bendito exorcismo en la Casa de Nariño lo antes posible, invocando la protección de Dios sobre Colombia, y limpiando todas las porquerías de ese “mundo invisible” que dejaron tras su paso por nuestra tierra los santeros cubanos.

Cuando la espiritualidad y el poder se encuentran, los resultados son excelentes, siempre y cuando sus propósitos apunten al Amor, que es la fuente de la verdadera paz.

@tamayocollins

Publicado: agosto 15 de 2018