La semana pasada la Cámara de Representantes hundió el proyecto de ley que buscaba reglamentar la eutanasia en Colombia. El argumento superior al que acuden congresistas ponentes y el mismo gobierno desde el Ministerio de Salud para lograr aprobación de la ley es el de “reglamentar el derecho fundamental” a morir dignamente; se debe aclarar que la motivación para promover esta ley de eutanasia desde el gobierno nacional -el del presidente Duque- es porque la Corte Constitucional así lo ordenó a través de la sentencia T-544 de 2017.

Entiendo que es humano, desde la visión no cristiana, resolver con prontitud y facilidad, el dolor y padecimiento de un ser amado, familiar, o el de cualquier ser humano que científicamente no tiene esperanza de vida, por el contrario, su única certeza es el sufrimiento corporal, mental y espiritual. Desde la visión cristiana, la eutanasia no tiene nada que ver con la dignidad humana, por el contrario, va en contravía de lo estipulado en su doctrina y en el Catecismo de la Iglesia Católica, al ligar la dignidad de la persona humana con la sacralidad de la vida humana. 

Esta aclaración la hago porque un Representante a la Cámara afirmó que el debate de la eutanasia no era un debate religioso ni político; según él a los seres humanos o líderes políticos no los mueve las ideas políticas, religiosas, culturales, económicas, ¡equivocado!, hasta los derechos constitucionales fueron fundidos en el debate ideológico. Claro que el debate de la eutanasia, el del aborto, y otros debates fundamentales para la vida de la sociedad giran entorno a las ideas políticas y religiosas. Porque un congresista no solo representa a un sector de la ciudadanía, sino que también representa a un partido político que representa una ideología, de lo contrario estaríamos, como creo que lo estamos, en un limbo de insustancialidades donde pesa más el frenesí del mediatismo que los argumentos y la razón.

No pretendo ser un prefecto moral ni religioso, pero hemos llegado a la cúspide de la infamia donde se legisla para decidir quién nace y quién no nace, quién vive y quién muere. Y lo grave, lo hacen legisladores cristiano-católicos. Los ciudadanos tenemos derecho a decidir el destino legal de temas fundamentales para la estructura de la sociedad y la familia, por ello, la eutanasia, el aborto, y temas que alteren la institución de la familia, deben de ser definidos en las urnas como ocurre en otros países; acudir a los mecanismos constitucionales y democráticos para debatir y decidir si se le quita la vida o no a un ser humano en el vientre o en estado de postración también es garantizar derechos.

@LaureanoTirado

Publicado: abril 13 de 2021