“Estamos muy en la punta y lejos de todos los demás. Pero hay que duplicarnos y ganar en primera vuelta”. Trino con el que Gustavo Petro, celebró el primer lugar que ocupa en la medición de intención de voto, en el “gran estudio electoral” realizado por la revista Semana.

Aunque los anteriores resultados no son muy significativos puesto que él es, prácticamente  el único aspirante que a estas alturas está de lleno en campaña,  sí creo que nos viene bien ese “campanazo”, esa señal de alerta que nos advierte del peligro que corremos quienes aún respetamos y creemos en el orden constitucional y jurídico, en la democracia, si no nos organizarnos en torno a una gran alianza democrática, dejando de lado egos y vanidades personales y partidistas, para elegir un gran candidato que nos represente a todos.

Me resisto a creer que Colombia, un país con tanta gente buena e inteligente, sea capaz de elegir como presidente a un sujeto como Gustavo Petro. Sin embargo, veo con preocupación que las secuelas que está dejando la horrenda pandemia han acentuado de tal forma nuestros problemas, que  hay un caldo de cultivo ideal para que el discurso populista y amañado del guerrillero disfrazado de demócrata cale hondo, no solamente en las clases más aporreadas, sino también,  en la juventud que infortunadamente desconoce la historia del país, y por ende, el prontuario del individuo que hoy ejerce de líder salvador.

Porque el astuto “rebelde” modificó su libreto para esta campaña electoral. Ahora maneja un guion meloso, romántico y con muchos tintes de retórica altruista, un lenguaje que no deja entrever su ideología de Socialismo del Siglo XXI (comunismo), para no despertar sospechas y no generar los miedos de otrora.

El Petro de hoy dice amar tanto a Colombia  que por eso arriesgó su “vida personal en varias ocasiones y por eso cogí las armas, ¡por amor!”. Quiere hacerle creer a las nuevas generaciones que la banda delincuencial

M-19, que secuestró, extorsionó y asesinó ciudadanos indefensos en las aterradoras “cárceles del pueblo”, la que se tomó el Palacio de Justicia y mató más de cien de personas entre ellos 11 magistrados; que asaltó la embajada de la República Dominicana,  etc.,  era un grupo de “políticos jóvenes”, de “rebeldes revolucionarios” que no cometieron ningún delito porque a ellos los amparaba “el derecho a la rebelión que no es un delito común”, sino, “un delito político”.

Sabe que haber compartido el “sueño bolivariano” de su ídolo Hugo Chávez, y  haber sido su asesor y amigo lo perjudica inmensamente, por eso hoy, sin sonrojarse, casi que lo desconoce.

Ya no dice que su primer acto de gobierno será convocar un referendo para hacer una constituyente (igual que Chávez), porque es consciente del pánico que esto genera. Ahora, él se esconde en el discurso del modelo económico de productividad basado en la economía de la libre empresa, y la palabra expropiación que oíamos en otras campañas desapareció de su vocabulario.

No podemos permitir que estos hampones que ahora ostentan poder nos reescriban la historia y, menos aún, que rijan los destinos de nuestra amada y sufrida patria.

¡Ojo con el 22! Petro, el lobo disfrazado de demócrata está estrenando libreto.

@cdetoro

Publicado: marzo 27 de 2021