Estamos cerca de ver cómo se termina de desangrar la democracia con la reforma política que modificará el sistema electoral y de partidos. El Gobierno Nacional busca ejecutar el rechazado Acuerdo de La Habana sin importar las repercusiones para el futuro de la ya débil institucionalidad Colombiana.

La abstención se convirtió en un comportamiento normal para la mayoría de nuestros ciudadanos y tuvo uno de sus picos más altos en las elecciones pasadas del 2014 cuando para la primera vuelta presidencial alcanzó el 60%. Hoy no sabemos que esperar para las próximas elecciones dada la gran indignación que ha generado la cascada de escándalos de corrupción.

Pero todo tiende a empeorar porque en vez de tomar decisiones de fondo que permitan recobrar la credibilidad de la clase política y el fortalecimiento institucional en Colombia, el Gobierno Nacional está próximo a lograr aprobar en el Congreso de la República una reforma que pretende se le reconozca personería jurídica a aquellos movimientos u organizaciones políticas que cuenten con tan sólo 70.000 afiliaciones (0,2% del censo electoral). Es decir que cada persona popular, influyente o con capacidad económica podrá montar su propia empresa electoral nacional. Dando más cabida a la corrupción que se quiere evitar y al clientelismo. Reduciendo aún más la representatividad de los actuales partidos. ¿Terminaremos como Venezuela?

Lo anterior se suma a las 10 curules que tendrá las Farc para elegir congresistas sin importar si obtienen votos,  las 16 circunscripciones especiales que elegirán congresistas sin mayor representatividad, y la financiación con 9.582 millones de pesos para la campaña al Senado del partido de las Farc que a diferencia del resto de los partidos no estarán en la obligación de obtener votos para poder gastar ese dinero.

Por otro lado, las garantías del derecho a ser elegido de quienes han respetado la vida y la ley en Colombia se disminuyen dramáticamente: los grupos criminales se fortalecen, el Gobierno Nacional redujo a la mitad el presupuesto para la protección de líderes en el 2017 y llevamos 52 homicidios y más de 500 amenazas este año a este tipo de personas. En contraste, los jefes de las Farc se le compran camionetas y son protegidos por sus camaradas que además recibirán armas y capacitaciones de la Unidad Nacional de Protección y la Policía Nacional.

En países de larga tradición democrática o con sistemas partidistas altamente institucionalizados –como los EE.UU. o el Reino Unido-, los sistemas son bipartidistas o tripartitos, no cuentan con sistemas multipartidistas como el nuestro, que actualmente tiene más de 9 partidos.

De pasar la reforma política se constituiría la estocada final a la democracia pues el desangre del Estado será inevitable ante la multiplicación de candidatos, campañas y partidos.

@ChriGarces

Publicado: agosto 25 de 2017