Empieza un nuevo año en el que la incertidumbre nos agobia. Con las primeras campanadas de este 2021 fuimos notificados del desbordamiento global de la pandemia. Llevamos cerca de 9 meses esperando el supuesto “aplanamiento” de la curva y esta no solo no llegó sino que la expansión del virus crece exponencialmente, dejando a millones de personas contagiadas con fatalidades que superan al millón en el planeta entero.

En medio de la hecatombe tenemos que hacer la campaña política. Para nadie es un secreto que la crisis de salud pública, que ha desembocado en una tremenda afectación de la economía se ha convertido en caldo de cultivo para el discurso irresponsable y populista de la izquierda criolla que, valiéndose de la situación, ha buscado sacar provecho político.

Colombia no puede caer en manos de la extrema izquierda populista y antidemocrática. Aquello, sería el acabose de nuestro régimen de libertades. Hoy, España sufre las consecuencias nefastas de un gobierno de coalición del que hace parte una estructura abiertamente comunista y enemiga de la libre empresa, de la propiedad privada y, por supuesto, de la libertad de pensamiento.

En tiempos críticos como los que nos corresponde vivir, el populismo y la demagogia hallan eco en millones de personas que han perdido la esperanza. Por eso, y sin pretender restarle legitimidad al sentimiento de angustia de miles de hogares, es perentorio hacer un llamado a la sensatez y al sano juicio.

Que el desespero causado por la crisis económica no lleve a las mayorías a cavar su propia tumba eligiendo a un régimen de corte neocomunista que al cabo de pocos meses liquidará lo poco que no haya sucumbido ante el arrasador paso del COVID-19.

La realidad nos obliga, además de identificar y seleccionar a un candidato idóneo, a elaborar un programa de gobierno que responda a las demandas y necesidades actuales.

Tenemos que comprender que las prioridades que teníamos en 2018 han sido desplazadas por la coyuntura que nos embarga.

Lo que hasta hace pocos meses no era importante, ahora es vital. Esta pandemia nos ha estimulado para que quienes hacen la política pública se conecten aún más con las necesidades cotidianas de las personas.

Por eso, la coalición que se forme para darle continuidad al gobierno del presidente Iván Duque tiene el deber moral de sustentar su proyecto sobre una serie de políticas de corte social efectivas y realizables.

Igualmente, es perentorio identificar y poner en marcha las iniciativas tendientes a lograr la reactivación de la economía. La generación de empleo a través de iniciativas privadas, será la huella digital de nuestro programa de gobierno. ¡Claro que el Estado ha de ser solidario y empático con aquellos que lo han perdido todo! Pero eso no significa, ni mucho menos, que se erija un entramado insostenible de asistencialismo que desestimule a las personas y drene irremediablemente a las arcas públicas.

Ahora, más que nunca, es necesario tomar en serio la importancia de una planeación nacional. Recuerdo vivamente a Álvaro Gómez Hurtado cuando insistía en la importancia de establecer procesos serios de planificación como prepuesto imprescindible para el progreso.

Hoy, cuando los recursos escasean y las necesidades se expanden descontroladamente, resulta esencial que nuestro discurso, de cara a las elecciones de 2022, parta de una planeación estratégica delineada con un profundo rigor. Necesitamos tener claro el punto en el que nos encontramos y el lugar al que queremos llevar a Colombia.

Literalmente, debemos hacer un inventario nacional de recursos con el propósito de seleccionar las tareas a emprender y saber, realmente cuáles y cuándo llegarán a buen puerto.

Mientras la izquierda radical y el santismo que hoy representa Sergio Fajardo intentarán seducir a los colombianos con un discurso melifluo y cargado de propuestas fantasiosas, nosotros tenemos que trabajar con seriedad para elaborar una gran propuesta de reconstrucción nacional.

@MargaritaRepo

Publicado: enero 11 de 2021