Análisis de Camilo Rubiano Becerra

El sábado 1 de abril, el pueblo colombiano levanto su voz de protesta por los hechos irresponsables con los que este gobierno ha dirigido el país. Los casos de corrupción, que van desde los cupos indicativos que le dio a los congresistas afines, para garantizar su reelección, como la distribución de contratos bastante onerosos a familiares de ministros y amigos cercanos, como el caso de Roberto Prieto, gerente de las dos campañas de Santos o los casos de derroche en donde este gobierno en solo publicidad y eventos ha gastado cerca de 2.5 billones de pesos, hechos todos inaceptables.

Sin que esto fuera suficiente, el presidente más impopular que ha tenido el país, decidió sustituir nuestra Carta Política, por un acuerdo plasmado en algo más de 300 páginas, que están llenas de concesiones al grupo terrorista que más daño le ha generado a Colombia. Esto lo ha hecho a través del mecanismo de Fast Track, una vía rápida que el gobierno convirtió en vía gruesa para colgarle cualquier tipo de idea que no estuviera dentro de los acuerdos. El hecho de sustituir la justicia colombiana, con una nueva jurisdicción hecha a la medida de los intereses de las FARC, es inaceptable.

Por concentrarse en lo que negociaba en La Habana, el presidente Santos, olvido que tenía que gobernar y como consecuencia de eso, el país vive su más alta deuda externa, que ya pesa cerca del 55% del PIB,  con un penoso crecimiento que llegó rapando al 2%, un sector agropecuario olvidado y que tuvo su peor crecimiento cerrando en 0.5%, la cifra más baja desde el 2009. La inflación, el desempleo y la pobreza, han aumentado de manera preocupante, como lo hemos analizado en este espacio. A lo que el gobierno responde, pasando las cuentas de cobro por su derroche e irresponsabilidad con una reforma tributaria, que golpea directamente los bolsillos de todos los colombianos, en especial el de los más necesitados.

Ante esto, el país se pronunció de manera contundente el 1 de abril; los colombianos llenaron las calles de las principales ciudades del país con un único propósito: el querer iniciar la construcción de un camino que le garantice el retorno de la esperanza al país. Donde vuelva a crecer la inversión extranjera y nacional, donde los índices económicos vuelvan a ser positivos y donde exista un verdadero respeto por las instituciones.

Un país donde el campo sea prioridad, las industrias creativas sean una alternativa de crecimiento económico y donde los jóvenes tengamos todas las garantías para participar activamente en el acontecer político del país.

El mensaje es claro, el trabajo por la construcción de ese gran país comenzó y nuestro principal compromiso, es trabajar sin descanso por esta patria.

@camilorubianobe

Publicado: abril 3 de 2017