Se había advertido que el Acuerdo de La Habana traería enorme desconcierto jurídico y desorden institucional. Estaba más que “cantado” que el caos de lo que hoy vemos en materia jurídica se sucedería. Es que se diseñó precisamente así, para que se produjera este desbarajuste de las instituciones y sobre todo del aparato jurídico. Caldo de cultivo para que se fueran aplicando las estrategias del Foro de Sao Pablo, caos y más caos para justificar el cambio y el modelo político – económico.

Pareciera que el país todavía está en las cavernas de la república, pareciéramos un recién nacido a la institucionalidad, que no tiene 200 años de vetustez jurídica.

Qué necesidad había para que se produjera tamaño desorden, hay que sentirse muy alucinado para pensar qué se está cambiando el mundo, que se está reescribiendo la historia patria. Los gobernantes bogotanos (ya López Michelsen también lo hizo, patrocinando a Tirofijo) creen que están creando nuevos paradigmas en la historia de la política nacional.

 No es para nada descartado afirmar que la hegemonía bogotana es la que tiene al país sumido en este desastre en el que vivimos los colombianos.

Se podría decir que el recalcitrante centralismo es la madre de todos nuestros males, que el frío les hace mucho daño y que la hipocresía, materia prima de su comportamiento los ha llevado a eso, arrastrándonos de paso a nosotros los costeños con su desdicha y su inquina. Que el país por el sur nunca ha pasado de Anapoima y por el norte de los Cerros de Monserrate y que el Este y el Oeste no existen, es un invento de los geógrafos. Son tan presumidos que se atreven a decir que la costa está aislada, los que están aislados son ellos, nosotros estamos pegados al mar.

Qué tenemos que ver los cartageneros y los costeños de la costa caribe colombiana con el desorden creado por una guerra fratricida ente interioranos, que se disponen a matarse por unas gallinas robadas. Mientas los andinos se matan entre sí, los costeños andamos paseando canarios en sus jaulas. Nuestra única guerra es cazar pájaros cantores y reír a carcajadas.

Sin embargo como no podían organizarse, Núñez se dio a la ingrata tarea de estabilizarlos como nación. Este país que desgraciadamente Núñez les consolido no lo merecemos los costeños y hemos debido conjuntamente con Panamá declararnos en independencia. No es tarde para ello, nunca es tarde para nada, debemos consolidar un movimiento que nos separe definitivamente de ellos; los interioranos, los andinos, y que se queden con su guerra de mierda, en la que nosotros no tenemos nada que ver y mucho menos que pelear (hoy la guerra de la cocaína). Ya en el pasado le hicimos la independencia (el 11 de noviembre de 1811, porque el 20 de Julio no pasó nada, lean el acta para que lo constaten, da vergüenza ajena) y estamos hartos de estar envueltos en un conflicto que no es nuestro. Por eso debemos marchar juntos los costeños (quizás junto con los antioqueños) hacia una segunda independencia, esta vez de los interioranos.

@rodrigueztorice

Publicado: junio 20 de 2019