Pensar en el futuro de Colombia, depende de lo que pase en el 2018. 

Es decir, de lo que decidamos los colombianos debe ser nuestro rumbo. 

Claramente, lo primero que debemos hacer es sentir y creer que somos un solo país. No somos dos, por más polarizados que estemos por cuenta de un gobierno que decidió que quienes no estábamos de acuerdo con sus desafueros con las Farc, preferíamos la guerra.  Cuento que además de absurdo es muestra de inseguridad de un gobierno que no fue capaz de poner la cara y decirnos de frente que era lo que iba a hacer. Todo nos los ha dado de a poquitos y bien embolatado. Y así como tal cosa, nos fue llevando de trampa en trampa, de mentira en mentira a la situación que nos encontramos hoy. 

Tendremos que decidir entre seguir en un país absolutamente desinstitucionalizado, donde las instituciones solo responden a los antojos del presidente Santos. 

Un país con una economía agonizante, con una informalidad qué pasa del 70% cuando de empleo se trata. Con todo lo que eso implica, salud casi que totalmente subsidiada y la mayoría sin pensión a la vista. Incluso, sin pensión a la vista para quienes juiciosamente cotizan. Si sigue cómo está hoy, menos del 15 % subsidiando las pensiones del resto, no hay manera de sostener las jubilaciones de todos. Prácticamente de ninguno. 

Las exportaciones cayendo a buen ritmo y la seguridad jurídica para la inversión privada nacional y extranjera cada vez más frágil. Violación de derechos adquiridos, logrando que inversionistas prefieran irse a otro país donde les ofrecen mayor estabilidad. 

Los impuestos cada día más altos y menos rendidores. 

El contrabando aumentando de manera rápida. Es que solo la ropa, comienza siendo 19% más barata, y con ese IVA cómo compite la industria nacional. 

La seguridad urbana peor que nunca, ya casi que ni roban en la calle por meterse a las casas, restaurantes, tiendas, iglesias y bancos a robar. Les resulta mucho mejor negocio.

De la infraestructura, ni hablemos, con tanta corrupción, hoy no sabemos qué tanto de lo anunciado con bombos y platillos será una realidad. Amanecerá y veremos. 

No he dicho una palabra de todos los beneficios que tendrá las Farc. Los conocemos todos, lo rechazamos y aunque ganamos el plebiscito, todos también sabemos lo que pasó. El gobierno, olímpicamente se lo pasó por la faja. 

Es así que debemos entonces decidir entre lo que someramente acabo de mencionar que sucede en Colombia o decidir por el bien de todos, que somos un solo país a pesar de nuestras diferencias, y que juntos debemos tomar el camino de la institucionalidad. Es nuestro deber recuperar el rumbo. 

Necesitamos instituciones robustas, una justicia independiente capaz de fallar en derecho sin presiones de ningún tipo, una economía que comprenda el emprendimiento y luche por formalizar a sus trabajadores. Como dice Iván Duque el mejor proyecto social hoy, para Colombia, es un empleo formal. 

Un país donde La nutrición de los niños sea prioridad, especialmente de cero a dos años, cuando el niño más necesita para su desarrollo intelectual y emocional. Que todos los niños, a diferencia de hoy, cuando un 30% de los niños no son deseados, sean la alegría y la ilusión de cada familia. 

Un país donde se aprecie y se valore a la mujer cabeza de familia, aquella que con amor y mucho trabajo, saca a sus hijos adelante sola. 

Un país donde se pueda caminar por la calle y los parques sin prevención porque los policías son bien remunerados, quieren a su institución y nosotros los respetamos y admiramos a ellos. 

Donde los procesos de paz se logren sin impunidad para crímenes atroces, para que no haya repetición y cunda el buen ejemplo. Donde los derechos de los guerrilleros y terroristas jamás estarán por encima de los colombianos de bien. 

Un país donde los empresarios realmente representen esa parte de la sociedad con los gobiernos y los trabajadores, cada uno respetando los derechos  del otro, así como cumpliendo sus deberes estrictamente. Nada de aliados del gobierno, ni los unos, ni los otros. Todos con la suficiente independencia para exigir sin miedo y sin rabo de paja. 

Ese país que soñamos no es de izquierda o derecha. Es un país de centro donde lo principal es el interés común y resolver las necesidades de los más vulnerables.  Un país donde los más frágiles empezando desde muy niños tengan oportunidades de crecimiento, que los vuelvan competitivos y capaces de vivir y trabajar en lo que siempre han soñado. 

Un país en donde dejemos la bulla y la peleadera por todo y nos dediquemos a lo fundamental. 

Como nunca, nos llegó el momento de pensar en el país que queremos, no le demos chance a quienes nos quieren quitar la ilusión de vivir en un país, armonioso, sano y amable. 

P.D. Sueño con un presidente joven, con ganas, formado, no contaminado, que logre mover a la mayoría de los colombianos hacia el país de los sueños que alcanzamos a vivir con Álvaro Uribe Vélez.

@AliciaArango

Publicado: marzo 22 de 2017