Cuesta entender a un sector de la opinión pública que ninguna, ha cuestionado la valiente advertencia elevada por la Contraloría General de la República respecto de los riesgos de sobrecostos en la construcción del metro de Bogotá. 

Uno de los peores flagelos que aqueja a nuestra sociedad es, precisamente, el de la corrupción. Y es en las megaobras y a través de los sobrecostos de las mismas, por donde se presenta un desangre inaudito de los recursos públicos. 

Los enemigos de la acertada incorporación del control preventivo y concomitante que puede ejercer la Contraloría -mecanismo que, por demás empezará a aplicarse en el segundo semestre de este año que comienza-, han dicho que esta herramienta -fundamental para la protección y salvaguarda de los recursos del erario- va a entorpecer la ejecución de las obras públicas. Un absoluto dislate. 

Primero, las alertas que se emitieron respecto del contrato del metro, son el resultado de una auditoría y acompañamiento que solicitó la propia alcaldía de Bogotá, precisamente para garantizar la transparencia durante todo el proceso de ejecución de la obra y, segundo, en vez de hacer comentarios y señalamientos descalificatorios, debería aplaudirse la celeridad y rigurosidad con que ha procedido el organismo de control dirigido por el Contralor Felipe Córdoba. 

Se demandan acciones concretas para enfrentar a la corrupción y cuando éstas se presentan, entonces arrecian las críticas. Al decir popular, “palo porque bogas y palo porque no bogas”.

Hay que aplaudir a la Contraloría por las acciones que ha emprendido para asegurarle al país un control riguroso de los recursos. De nada sirve identificar un hecho de corrupción o un sobrecosto injustificado en una obra pública, años después de que aquel haya ocurrido, como pasó en el caso de la Refinería de Cartagena -Reficar-. El país, más que enterarse del monto de los saqueos, lo que necesita es que éstos no se presenten. 

Y disgústele a quien le disguste, las señales que se han conocido en el contrato del metro de la capital de la República, sientan un importante antecedente. Si alguien tenía en mente llenar sus alforjas de manera ilícita con esa trascendental obra de infraestructura -tal vez la más importante que se haya emprendido en las últimas décadas-, ha quedado notificado de que no la tendrá fácil porque la lupa de la Contraloría se lo impedirá.

Los críticos hacen recordar el caso del policía que captura al ladrón que acaba de asaltar a un transeúnte. Apenas sucede el robo, los testigos gritan “agárrenlo, agárrenlo” y una vez el facineroso está a buen recaudo de la autoridad, la demanda se altera y las voces que exigían la aprehensión ahora imploran que el delincuente sea liberado. 

La lucha contra la corrupción es igual a la guerra que libran las sociedades contra el terrorismo. Se requiere de unidad, solidaridad y compromiso, tanto de las autoridades como de la ciudadanía en pleno. Flaco favor le prestan al propósito de cauterizar la vena rota por la que se escapan billones de pesos aquellos enardecidos e irracionales que en vez de aplaudir y de elevar críticas constructivas, se dedican a cuestionar y a torpedear las medidas que se implementan para salvaguardar el dinero de todos los colombianos. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 14 de 2020