El 29 de febrero de 2016 Montealegre se vino con todo contra Uribe y su familia. Un amanuense de Montealegre, llamado Carlos Ibán –con b- Mejía, fiscal delegado ante la Corte Suprema, ordenó la captura de Santiago Uribe, hermano menor del ex gobernante.

Varios testigos manipulados, encabezados por un criminal llamado Juan Carlos Meneses, dijeron mentirosamente en la Fiscalía que a principios de los años 90, en el municipio de Yarumal (Antioquia), se conformó un grupo de limpieza social conocido como “los 12 apóstoles” del que habría hecho parte Santiago Uribe.

Al momento de su arresto la investigación ya estaba prescrita, toda vez que habían pasado más de 20 años de los hechos materia de investigación. En Colombia, el delito de homicidio prescribe cuando han pasado esos años. Montealegre y Perdomo se inventaron la historia de que lo sucedido en Yarumal había sido un delito de lesa humanidad que, de acuerdo con la justicia internacional, nunca prescribe.

 

La persecución no cesa

También Montealegre y Perdomo hicieron hasta la imposible por encarcelar a Tomás y Jerónimo Uribe, los hijos del ex presidente. Aunque no se conoce con precisión el alcance del preacuerdo suscrito entre la Fiscalía con James Arias (alias “el Chatarrero”), es muy seguro que éste haya sido inducido a mentir para perjudicar a los hermanos Uribe Moreno.

En su enfermiza persecución contra el uribismo, Montealegre y Perdomo también dejaron vinculados a dos importantes ex funcionarios del gobierno de Uribe: los secretarios jurídico y de prensa, Edmundo Del Castillo y César Mauricio Velásquez, quienes, según la Fiscalía, en 2007 habrían participado en un complot para desprestigiar a algunos de los desprestigiados magistrados de la Corte Suprema, como Yesid Ramírez, el amigo del narco italiano Giorgio Sale y del oscuro personaje Ascencio Reyes.

 

Ni José Obdulio se salvó

También el ex asesor presidencial y actual senador, José Obdulio Gaviria, fue víctima del hostigamiento de la Fiscalía contra el uribismo. En 2007 Gaviria escribió una columna de opinión en el periódico El Tiempo, que en concepto de unos sindicalistas de Cali era calumniosa.

Gaviria hizo un acuerdo con los sindicalistas y publicó en tres ocasiones la rectificación de los señalamientos que había hecho contra ellos. Directa y expresamente ofreció excusas en sus escritos.

La Procuraduría conceptuó que el caso debía ser archivado al calificar de satisfactoria la retractación hecha por el congresista del Centro Democrático. Pero el fiscal a cargo del caso, un doctor llamado Mauricio Martínez, se opuso en infinidad de ocasiones y pretextos a que los sindicalistas conciliaran con Gaviria.

Al final fueron estos mismos quienes pararon en la raya a Martínez y dieron por terminado el pleito con Gaviria. No hay duda de que la Fiscalía de Montealegre pretendía que el político uribista tuviera problemas a la hora de posesionarse como senador. Le salió el tiro por la culata. Después del fracaso en el cumplimiento de la tarea que le habían asignado, Montealegre mandó al fiscal Martínez como “embajador” en Berlín. Un cargo que le duró hasta cuando llegó el nuevo fiscal, quien considera semejante nombramiento como poco menos que una vergüenza por superfluo y costoso.

 

Montealegre, el fiscal corrupto

No hay duda de que la Fiscalía de Eduardo Montealegre pasará a la historia como la más corrupta desde que esta entidad empezó a operar a mediados de 1992. Podríamos llenar y llenar páginas contando las arbitrariedades presupuestales de Montealegre, pero hay un ejemplo que lo retrata de cuerpo entero: el caso de Natalia María Lizarazo García, conocida con el nombre comercial de “Natalia Springer Von Schwarzemberg” y apodada en las redes sociales como “La Tocarruncho”.

Entre 2013 y 2015 Lizarazo firmó contratos con la Fiscalía por alrededor de 6 mil millones de pesos. Ella se inventó la historia absurda, desde el punto de la ciencia jurídica, de que con base en algoritmos, macro investigaciones y macro imputaciones se podían desvelar todos los crímenes de las Farc y del Eln.

 

Primera entrega: “De contratista ambicioso y sin escrúpulos a Fiscal General de la Nación

Segunda entrega: “Una descarada participación en política

Próxima entrega: Más sobre la ‘Tocarruncho’”

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 12 de 2016