Ninguno tenía más de 28 años. Eran personas humildes y decentes, con proyectos de vida que estaban comenzando a desarrollar al interior de la Policía Nacional. 19 hombres y 1 mujer que asumieron la responsabilidad de proteger a la sociedad y cumplir el sueño de portar un uniforme.

Buenos colombianos y una ecuatoriana, jóvenes que amaban el deporte y el servicio a la comunidad; hijos, hermanos y novios que tenían una familia para compartir buenos y malos momentos (la vida); seres humanos inocentes que no merecían ser masacrados ni morir en la forma infame como terminaron su paso por esta tierra.

Con el alma rota me pregunto: ¿Ese es el precio de la “paz” que el señor Santos firmó con las FARC? ¿Ese es el verdadero rostro de las intenciones de los negociadores del ELN, individuos que desean seguir el camino recorrido con éxito por sus camaradas, para finalmente imponer su inhumana y caduca ideología al precio que sea?

Pongámonos en los zapatos de quienes tuvieron que enterrar pedazos de cuerpo de sus hijos, mutilados y quemados: ¿Qué pensará el padre o la madre de cualquiera de estos héroes cuando ve a los voceros políticos de los partidos que defienden la aplicación sistemática de lo que se conoce como la combinación de las diferentes formas de lucha, sentados cómodamente en el Congreso como si nada de lo que hicieron mereciera ser castigado por la Ley? ¿Ese es el destino que merecen los cerebros del atentado cometido con tan brutal sevicia contra la Policía Nacional el jueves 17 de enero de 2019?

Lo volvemos a decir, honrando la memoria de los 20 policías que lloramos con el corazón arrasado por la tristeza…

No le creemos a la “paz” que nos metieron a la brava, pasando por encima de nuestra voluntad como constituyente primario, porque esa “paz” es una “paz” que no se fundamenta en valores sino en sofismas y odios.

No le creemos a esa “paz” falaz, porque se ha burlado de la Democracia, instaurando un régimen multinacional, asesino y mafioso que está acabando con lo que se le atraviesa.

No le creemos a esa “paz” demente, porque para quienes están detrás de tan oscuro tinglado el narcotráfico es el que manda.

Pobrecillos los hacedores de esa “paz”: La cocaína, dueña y señora de sus propias tumbas, los ha secuestrado impunemente. Dios se apiade de sus almas.

Entendamos que más allá de la tragedia del momento, las imágenes de los videos que fueron compartidos a través de las redes sociales y los medios de comunicación, mostraron el horror y la crueldad ciega de quienes siguen ideologías ateas, infestadas de resentimiento, enemigas de la Libertad y contrarias a cualquier posibilidad de derechos humanos…

Respaldamos decididamente al Presidente Duque en su respuesta contra el sanguinario y desquiciado ELN. Si Cuba quiere romper relaciones con Colombia, que lo haga cuanto antes.

Con todo respeto: Como tributo a los 20 héroes de la Policía Nacional de Colombia masacrados por el carro-bomba, propongo que quienes defendemos el capitalismo social como modelo de desarrollo económico, concertemos una salida para cerrarles la boca, para siempre, a los voceros (¿socios?) del narcoterrorismo comunista.

Ningún país que da refugio al terrorismo y al narcotráfico farco-eleno merece ser amigo de Colombia. ¡Vete a la porra, gobierno de Cuba!

#EseEsElPrecioDeLaPaz?

@tamayocollins