Muy grave que el polémico alcalde de Medellín Daniel Quintero Calle esté buscando que médicos cubanos lleguen a su ciudad para ayudar a la atención de la pandemia del CODIV-19, tal y como se ha conocido en las últimas horas. 

A través de una carta del pasado 15 de julio, Quintero le solicitó al embajador de Cuba en Colombia, José Luis Ponce, “una brigada médica para Medellín con la capacidad de atender 600 unidades de cuidados intensivos; la Alcaldía de Medellín dispondrá de todos los recursos que sean necesarios para el traslado y estancia en la ciudad, con todas las garantías de seguridad que se requieran…”.

El hecho encendió todas las alarmas. Resulta inaudito que la segunda ciudad de Colombia reciba a centenares de médicos cubanos cuyas labores no se limitarán a los asuntos relacionados con la salud. 

Existe evidencia plena de que las brigadas de salud cubanas cumplen propósitos políticos, razón por la que la solicitud de Quintero Calle es en extremo delicada. 

Conocida esa carta al embajador cubano en Colombia, el presidente Álvaro Uribe reaccionó a través de su cuenta de Twitter diciendo: “No a los médicos cubanos: El cuerpo médico de Medellín es de excelencia; durante estos 4 meses se debería haber avanzado en entrenar al Talento Humano en manejo de UCIS; Cuba explota a los médicos como una ‘trata de blancas’; así empezó la toma de Venezuela”.

Suficientes dificultades tiene Colombia en estos momentos por cuenta de la pandemia, como para que se le sume otro gracias a la ligereza del alcalde de Medellín, al pretender convertir a su ciudad en un satélite de la dictadura cubana, que se ha valido de la fábula de una supuesta superioridad en temas médicos para infiltrar agentes suyos disfrazados de galenos en diferentes países del mundo. 

Cuba ha montado un negocio estupendo con la esclavización de médicos. La dictadura cobra gruesas sumas de dinero por prestar asistencia en salud. Ese dinero, por supuesto, no llega a los médicos quienes padecen toda suerte de limitaciones. Entre enfermeras y supuestos especialistas, el servicio de inteligencia cubano -el G2- mimetiza a sus agentes que se encargan de adelantar operaciones de agitación política.

El progresismo al que hace parte el alcalde Quintero Calle, es una corriente que se presenta como una defensora férrea de los derechos humanos. 

Llama la atención que en el caso puntual de los médicos cubanos, que en su mayoría son personas con una preparación académica deficiente por cuenta de las propias limitaciones que se viven en la isla sometida a la satrapía castrista, los “progres” en vez de rechazar el tráfico humano, lo promuevan y lo financien. 

Los médicos solicitados por Quintero Calle para operar 600 unidades de cuidados intensivos no son gratuitos. De perfeccionar el negocio, el municipio de Medellín tendrá que pagar una importante suma de dinero antes de que el régimen de La Habana proceda al envío de esos esclavos que trabajarán sin sueldo ni seguridad social ninguna. 

Por motivos de seguridad nacional, pero sobre todo, por razones humanitarias, el gobierno nacional debe impedir a toda costa que el tráfico de profesionales de la salud que Quintero Calle está negociando con Cuba no se finiquite. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 27 de 2020