Las cifras del DANE respecto del desempleo resultan desalentadoras. Son la prueba de que estamos ante una verdadera catástrofe. Más del 21.4% de nuestros compatriotas se encuentran desempleados.

Difícilmente en nuestra historia, se ha registrado una tasa de desocupación así de elevada: cerca de 5 millones de personas, sin contar los otros tantos que se dedican a actividades informales y que no son catalogados como “desempleados”, están cesantes. 

La pandemia está arrasando con todo. La agenda nacional fue desplazada a un segundo plano. Los proyectos del gobierno Duque son inexistentes. El presidente y su equipo dedican el 100% de sus esfuerzos a la atención de la crisis que, como es natural, está acaparando el grueso de los recursos económicos del Estado. 

Paralelamente, una de las fuentes de ingresos más importantes -la producción de petróleo-, ha caído impresionantemente. Atrás quedó el anhelo de romper la barrera psicológica de extraer un millón de barriles al día, pues nuestros campos registran una producción que escasamente supera los 700 mil barriles. 

Los indicadores económicos son espantosos y se avizora un horizonte turbulento. Hasta ahora estamos empezando a sentir el impacto del extenso y nocivo confinamiento que ordenó el gobierno. Solo el tiempo dirá si la rigurosa cuarentena era necesaria o no, pues se ha dicho que el aislamiento ciudadano era obligatorio para ganarle tiempo a la pandemia y adecuar los servicios de salud. ¿Se logró el objetivo? 

No es tiempo para lamentaciones, sino para estimular la imaginación y hacer un esfuerzo colectivo tendiente a salvar a la economía y, por ahí derecho, a la democracia colombiana. La catástrofe que se está viviendo, se puede convertir en caldo de cultivo para el nefando experimento de extrema izquierda del terrorista del M-19, Gustavo Petro. 

Urge reactivar a la economía, atrayendo -en la medida de las posibilidades- nuevos capitales y nuevas inversiones que se traduzcan en la generación de puestos de trabajo. 

Así mismo, es fundamental que el gobierno diseñe líneas de crédito enfocadas en el rescate del mayor número de empresas posible. Claro que es importante comprar ventiladores y ampliar el número de camas en las unidades de cuidados intensivos, pero también es fundamental crear las condiciones para evitar el cataclismo económico. 

El gobierno del presidente Duque puede ser recordado como aquel que compró y repartió unos mercados y adquirido unos centenares de respiradores. Aquello casi que sería una jocosa inscripción en la historia nacional. Pero también puede trascender por haber evitado el colapso gracias a un liderazgo fuerte que permita la resurrección de nuestro aparato productivo. 

Durante las crisis sale a relucir la catadura de los líderes. Están los que se resignan a aceptar el destino, pero hay otros que no lo hacen, que se enfrentan con ardentía y logran cambiar el rumbo de los acontecimientos. 

Nadie, por ahora, podrá derrotar a la plaga. Pero en cambio, sí es posible, logrando un amplio consenso nacional -del que hagan parte los defensores de la libertad democrática- hacer cara y superar las consecuencias de la misma. La humanidad ha pasado por situaciones peores y las grandes naciones no se han concedido licencia para sucumbir ante ellas. Colombia, que es un país cuya sociedad está enseñada a superar dificultades, no será inferior al desafío que le ha planteado la naturaleza. 

El presidente Duque tiene todas las condiciones para pasar a la ofensiva. Sus alocuciones diarias son oportunas y necesarias para efectos de informar, pero ha llegado la hora de sentarse, cual artesano, a pulir los detalles para el resurgimiento de nuestra economía, pasando por encima de las correcciones políticas y las falsas y engañosas cortesías frente a quienes embargados por la emoción, se frotan las manos mientras registran el desmoronamiento de nuestra economía, sabiendo que aquello cataliza su ominosa agenda política. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 2 de 2020