“No habrá vacuna en por lo menos un año y tampoco tratamiento. Debemos entender que no es opción viable para nuestras sociedades encerrarnos hasta que aparezca vacuna. No. Tenemos que aprender a convivir con el virus y ganarle con cultura ciudadana, con autocuidado”. Iván Duque M.

Así es, a convivir con el letal enemigo. ¡Qué le vamos a hacer si así nos tocó! 

Si bien es cierto que la anterior cuarentena se justificó como mecanismo para “aplanar la curva”, que a la hora de la verdad no era más que la manera para evitar contagios masivos, mientras se ganaba tiempo para tratar de mejorar el sistema de salud para poder enfrentar la inevitable oleada de enfermos de Covid-19 que, tarde o temprano llegaría, también es cierto que ese encierro, además de haber vuelto añicos nuestra frágil economía, dejó graves efectos mentales y emocionales en la población, factores que desarrollaron severos trastornos de conducta, de ansiedad, estrés, etc. 

No era factible, entonces, la vuelta al confinamiento total, única salida propuesta por la inepta y lenguaraz alcaldesa de Bogotá Claudia Nayibe López, a quien ciertamente se le olvidó que en una tragedia de la magnitud de la que enfrentamos, no hay cabida para liderazgos individuales, ni para esos estridentes shows populistas y mediáticos que suele montar buscando salir fortalecida políticamente.

Ahora bien, nadie le pide que defienda o alabe el Gobierno Nacional, pero sí que lo respete, que no sea infame y deje de decir que “mientras el presidente está encerrado, a los demás los manda a trabajar”, le pedimos encarecidamente que actúe con sindéresis y menos cálculo electoral.

Más que ventiladores mecánicos y camas de UCI, lo que el país requiere en el momento es sensatez, civismo, honestidad para con nosotros mismos y para con quienes nos rodean. No se pueden permitir más marchas, ni fiestas, ni aglomeraciones de ninguna naturaleza. Hay que ver cómo en Bogotá, en la décima con sexta, cerca de la alcaldía hay toda suerte de ventorrillos ambulantes que generan verdaderas colmenas de compradores y visitantes, donde no se guardan las más elementales normas de bioseguridad, sin embargo, la alcaldesa que está tan ocupada en el reparto de culpas ni se entera. 

Entonces, sin vacuna en el corto o mediano plazo y sin un medicamento prodigioso para su tratamiento, tal como dice el señor presidente, nos queda el arma del “autocuidado”, la responsabilidad individual, que manejada con rigor absoluto, puede llegar a ser tan eficaz como una vacuna. 

Así como el compromiso y el cumplimiento explícito de las medidas básicas de protección individual que durante estos tres meses las entidades públicas nos han enseñado, son el antídoto con el que contamos para combatir el letal enemigo, tenemos que tener presente que el peor vector es la irresponsabilidad. 

Invito, pues, a todos mis hermanos colombianos a que nos pongamos la misma camiseta y trabajemos por un mismo
propósito: en la medida en que me cuido, cuido a los demás. Gobierno Nacional, Gobiernos locales y ciudadanos, por la vida de todos, formemos el: ¡Equipo Colombia!

@cdetoro

Publicado: julio 4 de 2020