Análisis de Camilo Rubiano Becerra

Para nadie es un secreto que el país atraviesa por una compleja situación económica. El Índice de Confianza del Consumidor, realizado por Fedesarrollo para el mes de septiembre se situó en -2.1%, índice que lleva en esa posición negativa por 9 meses. Así mismo, la más reciente encuesta realizada por Kantar World Panel, muestra una situación compleja para los hogares colombianos, la inflación alta que se ubica en el 8.10% , comiéndose el aumento del salario mínimo que fue del 7%, ha hecho que las familias disminuyan sus compras por unidades en un 3%, mientras que el gasto por el alza en los precios ha aumentado un 6%.

De la misma forma, las finanzas del país generadas por el derroche y la irresponsabilidad del gobierno están tocando fondo, el hueco fiscal es de 36 billones de pesos, la deuda externa del país ya supero los 116.000 millones de dólares un 44% del PIB. A estas preocupantes cifras hay que agregarle que las perspectivas de crecimiento se redujeron a 2.2% para este año , cuando el gobierno las proyectaba por encima del 3%. Adicionalmente, las ventas al por menor cayeron un 2.4%, las licencias de construcción un 12.4% dando muestras de la contracción económica que vive el país.

Ante esto uno esperaría que el gobierno se apretara el cinturón y enfocara el gasto público en actividades que generaran dinamismo en la economía nacional, pero contrario a esto el presupuesto para el 2017 muestra objetivos distintos. De los 224.4 billones de pesos, el gobierno nacional aumentó en 11 billones de pesos la partida de funcionamiento, lo que se traduce en mayor burocracia, mientras que la partida de inversión la redujo como se ve reflejado en la cartera de agricultura, que se le recortó un 33.6% comparado con  este año y un 57% comparado con el 2015. Además, los gastos del gobierno Santos han sido supremamente altos, por ejemplo, el contrato 181 de 2016, en el que se gastaron 4.500 millones de pesos en el pomposo evento realizado en Cartagena para firmar unos acuerdos que no tenían la aprobación de los colombianos. De igual modo, la Oficina de Alto Comisionado para la Paz, a través del Fondo de Programas Especiales para la Paz, en solo pauta en los canales RCN Y Caracol y la revista Semana, gasto más de 1.700 millones de pesos.

No siendo suficiente, la reciente Cumbre de mandatarios Iberoamericanos, le genero un gasto de casi 7.000 millones de pesos que incluyen las 110 vajillas de casi 200 millones de pesos, algo que no es raro en este gobierno. (Puede leer “Vajillas de la paz”).

Mientras tanto, en departamentos como La Guajira en lo corrido del año han muerto por desnutrición 56 niños, algo que no despierta alarma en el Palacio de Nariño. De la misma manera, el departamento del Chocó que tiene el NBI más alto del país, como consecuencia del abandono por parte del gobierno nacional, hoy sufre según lo denuncio la Defensoría del Pueblo el peor hacinamiento hospitalario, que ya llega al 150%. Adicionalmente el problema del agua potable ya ha causado muerte en más de 30 niños en lo corrido de este año y así mismo, es un departamento donde 11 de 30 municipios no cuentan con energía eléctrica.

Sin embargo, el Presidente Santos prefiere vivir en un cuento de hadas, desconectándose de la realidad colombiana, donde son más importantes las visitas a la reina Isabel, las vajillas y las almendras y no la situación de los niños de La Guajira, la tragedia de los chocoanos o la realidad económica y fiscal del país.

@camilorubianobe