El presidente Trump le ha dado la orden a Santos de ayudar a derrocar la dictadura venezolana. ¿Traicionará a Maduro?

Además del fuerte llamado de atención por el desproporcionado incremento en los cultivos ilícitos y el consecuente aumento en la producción de cocaína, el presidente de los Estados Unidos centró la agenda de su reunión con Santos y su comitiva en el tema de Venezuela.

En el comunicado oficial sobre el encuentro, la Casa Blanca escribió que “los líderes intercambiaron sus preocupaciones sobre la profunda crisis económica y política en Venezuela y hablaron sobre la importancia de preservar las instituciones democráticas en ese país”.

Durante la rueda de prensa a la que comparecieron ambos mandatarios, Trump fue mucho más directo y notificó que “trabajaremos con Colombia y otros países en el problema de Venezuela. Es un muy muy horrible problema”.

Mientras tanto, Santos miraba hacia el otro lado, consciente de que el presidente de los Estados Unidos lo estaba poniendo, literalmente, entre la espada y la pared. El duro cuestionamiento por haber permitido que Colombia se convirtiera en un mar de coca, fue rematado con la instrucción de que debe sumarse al grupo de gobiernos que van a “solucionar el problema de Venezuela”.

Y de ese problema, que se llama Nicolás Maduro, sólo se sale de una forma: derrocándolo.

Para Santos, traicionar no comporta mayor dificultad. Su vida ha estado escrita en términos de deslealtades. Pero él sabe que en este caso, la cuestión no es tan sencilla. ¿A quién le declarará fidelidad: a Trump o a Maduro?

El primero, tiene la sartén por el mango. Es el dueño de la chequera y ninguna afinidad ideológica con Santos. Lo está usando para que cumpla obedientemente sus instrucciones de erradicar las plantaciones de coca. El segundo, es el “amo y señor” del proceso con la banda terrorista de las Farc. No hace mucho, en uno de sus acostumbrados ataques de desespero, amenazó a Santos con revelar “todas las grabaciones y todos los secretos que tengo del proceso de paz de Colombia”.

Santos es un hombre sin carácter. Es un gobernante pusilánime, que atiende su propia vanidad. Le pignoró su presidencia a los dictadores de Cuba y Venezuela, le regaló el petróleo del mar Caribe a la empresa petrolera de Noruega, para cumplir su meta: recibir el Nobel de Paz. Creyó que con la medalla en el bolsillo, tendría el mundo en sus manos.

Pero la vida real continúa y ahora está metido en una verdadera sin salida.

Maduro, arbitrario y tirano, socio de los terroristas de las Farc, no caerá callado. No hay duda de que cumplirá su amenaza de llevarse por delante el proceso con los terroristas.

Y Donald Trump no es un hombre que hable por hablar. Es una persona de acción, de hechos concretos. Si Santos no le marcha al ritmo que le ha puesto, las consecuencias se sentirán inmediatamente. Al fin y al cabo, el Congreso de los Estados Unidos aprueba el presupuesto, pero él tiene en su mano el bolígrafo que firma el desembolso.

La ecuación, aunque en la política las cosas no son blancas o negras, es muy sencilla: Si Santos decide traicionar a Maduro para cumplir las instrucciones de Donald Trump, su proceso con la banda terrorista de las Farc queda gravemente lesionado.

Horas después del encuentro entre el presidente Trump y Santos, Maduro, perfectamente notificado de lo que está sucediendo, convocó a alias Iván Márquez a Caracas, tal y como lo reveló el prestigioso periodista venezolano, Nelson Bocaranda.

La conclusión de este nuevo pulso se verá en pocas semanas cuando se defina si en adelante el presidente de Colombia será utilizado con deprecio por el presidente de los Estados Unidos, o si al contrario Santos continuará empeñado a la voluntad de la satrapía mafiosa y criminal de Venezuela.

Lo que los colombianos jamás verán, será a un Santos coherente, firme, digno y con criterio.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 23 de 2017