Ahora si estamos en la recta final, en la batalla final, después de una larga y compleja oposición al gobierno moribundo de Juan Manuel Santos. ¡Por fin! el próximo 17 de junio se sentenciará este debate electoral e ideológico en el que estamos inmerso. El solo hecho de tener en segunda vuelta a Iván Duque y Gustavo Petro, demuestra que estas elecciones avanzaron más allá del deber histórico y democrático de elegir Presidente de la República. La catástrofe electoral de Germán Vargas Lleras y de Humberto de la Calle fue la más dura sanción social impartida en las urnas. Vargas Lleras encarnaba el poder intimidador del Estado, la fuerza presupuestal y burocrática, el poder de las maquinarias electorales representadas en partidos tradicionales y en las regiones impartida sin pudor por gobernadores y alcaldes. La derrota humillante y vergonzosa de De la Calle es la derrota de la única cruzada de este gobierno, el acuerdo de impunidad de La Habana. 

La turba petristas que termino siendo la misma turba que avaló sin sonrojo alguno el acuerdo de impunidad y la modificación express de la Constitución Política son los mismos que pretenden ubicarnos una vez más como enemigos de la paz y aliados de la guerra. Ellos mismos son los que evitaron que este debate presidencial hubiera abarcado temas diametralmente opuestos a los tratados durante los últimos años y que tiene agotado a un sector respetado de la opinión pública y que migro el día electoral hacia la candidatura de Sergio Fajardo quien vendió un destino esperanzador, pero sin puerto fijo. Los petristas decidieron que la segunda vuelta sea otro partido ya ganado en el debate del plebiscito. 

Iván Duque derrotó a propios y extraños con su manera particular para avanzar, actuar y enfrentar el día a día: nos demostró que tiene un universo de propuestas e ideas para gobernar que están por fuera del molde que pretende imponernos la izquierda radical, fanática y generadora de odios. Solo se necesita repasar su programa de gobierno resumido en el folleto “propuestas para el futuro de Colombia” donde simbólicamente describe como con 162 ideas podemos sembrar el árbol que representa la Colombia que merecemos y que estar por encima del debate agobiante de las Farc. 

Iván Duque, representa el mundo moderno, la globalización de la democracia, de las ideas, de la económica, del conocimiento, de la innovación y la ciencia. Iván Duque representa la defensa y modernización del Estado, de la institucionalidad, del ordenamiento jurídico, de la propiedad privada como columna fundamental del Estado de Derecho. Iván Duque representa el Centro Democrático, el uribismo, pero también la grandeza política. El paso dado por Iván Duque de dialogar con voceros de partidos políticos antagónicos al Centro Democrático y aliados del Gobierno de Santos es lección de convivencia, respeto y dialogo político, y mensaje contundente para quienes quieren sembrar vientos de venganza y revanchismo en su inminente gobierno. 

Cuatro años serán muy cortos para realizar los grandes y urgentes cambios que necesitamos en justicia, salud, educación, generación de empleo e impuestos… pero suficientes para valorar y entender que valió la pena optar por el camino de la legalidad, equidad y emprendimiento, y no por el camino que nos lleva al despeñadero del castrochavista  

@LaureanoTirado

Publicado: junio 4 de 2018