Saber que el interés general es lo único que salva a un político de agendas propias que llevan al desorden.

Crecí en una casa política, mi papá Juancho Arango, liberal activo hasta el día de su muerte, me tuvo prácticamente desde que nací, escuchando sobre partidos, situación nacional, elecciones, discursos y como hacer el bien. Tuve la suerte de pasar mi vida a su lado hasta que murió, muy joven.

Recuerdo con mucho agrado, cuando me llevaba a sus giras políticas y a las brigadas de salud que hacía cada sábado sin falta y sin cobrar un peso a los pacientes. Operaba y operaba indígenas, a personas humildes, a los niños.  Así recorrimos muchas veces la costa Atlántica desde La Guajira hasta Córdoba. Varias veces me desmayé del hambre y del calor.

Hacer política y hacer el bien a quién fuera, era su consigna. Así crecí, con su ejemplo y su guía, en donde siempre me repetía que en política puede haber diferencias ideológicas, todas respetables, siempre y cuando no atropellen a los seres humanos. El único fin de un hombre público es servir sin distingos, enfocarse en los más vulnerables siempre y saber que el interés general es lo único que salva a un político de agendas propias que llevan al desorden y la mala fama del político.

Insistía mucho en priorizar las necesidades del país, ya que el presupuesto era y sigue siendo escaso. Hoy llama la atención como se reparten el presupuesto de acuerdo con amigos contratistas y sin tener en cuenta realmente las carencias de los colombianos. Hoy la salud está dominada por lo que algunos llaman mafias, que nacen en los mismos políticos y dejan al paciente  sin oportunidad alguna de atención.  Ni que decir del cartel de contratación de la alimentación escolar. También en manos de mafias políticas.

¿En qué momento perdieron el corazón? ¿En qué momento se les olvidó que el respeto por los seres humanos es lo primero?  ¿Qué corazón tiene quien roba a un niño y a un enfermo?

Hoy la clase política se despedaza entre ella, por intereses que jamás tienen que ver con el mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos. Ojalá esas fueran las discusiones. Los gritos, los escritos poco hacen relación a los más frágiles de la sociedad que además dependen de lo que esos políticos hagan o dejen de hacer.

Mi papá también decía que quien quiera hacer plata como político hay que sacarlo inmediatamente, sin dudas, sin temores, además de denunciarlo públicamente.  En política lo único que se puede hacer es el bien, todo lo demás sobra.

Nunca te acomodes por tus intereses, juega a ser Colombia. Eso de andar de allá para acá y de acá para allá tampoco lo entendía. En esa época no había muchos partidos pero había los acomodados de siempre.

Recuerdo que en una votación, estábamos en la casa contando los probables votos a favor. Íbamos de nombre en nombre de los congresistas. Nunca olvido, cómo llegaba a ciertos nombres y los contaba como en contra. Le preguntaba, porqué lo haces, si ese dice ser tu amigo. Me respondía, a ese solo le interesa ganar, no existen principios cuando lo único que interese sea ganar por encima de los principios.

La falta que mi papá me ha hecho es infinita, pero al tiempo pienso que Dios se lo llevó para que no viera la mafia de Pablo Escobar, los grandes robos a los proyectos más importantes del país, un congreso en donde la Unidad Nacional solo significa mermelada, la paz de Santos, la amnesia de algunos sectores,  antes Uribistas que todo lo olvidaron por puestos y contratos.

Mi papá murió pensando que la política colombiana iba mejorando, gran equivocación. Duele por el país y por los colombianos que todo esperan por promesas de campaña y poco les llega cuando llegan al Congreso. Mientras nuestros líderes se dedican a pelear por un poder que a veces, ni existe.

P.D.  Siquiera no le tocó vivir lo que le toca al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Viendo y escuchando lo que sucede lo recordé con mucha admiración y mucho amor. Gracias por tantas enseñanzas.

@AliciaArango

Publicado: marzo 1 de 2017